26 de abril de 2010
El CuentaCuentos: Se perdió el fin del mundo
7 de diciembre de 2009
El CuentaCuentos: Desde lo alto de la loma, vio asustado como la niebla penetraba incluso en las casas.
21 de noviembre de 2009
El CuentaCuentos: Y cuando dio comienzo, aquel pequeño personaje dejó caer su caña mientras él colgaba de la luna.
11 de agosto de 2009
El Cuentacuentos: ¿Quieres morir?
- Yo no puedo morir, inepto, soy un Dios.
- Lo sé, mi señor, pero siendo un Dios, que puede hacer todo menos morir, ¿no deseas saber qué se siente?
- Precisamente por un ser un Dios, puedo saber lo que quiera, cuando quiera.
- Entonces, mi señor, ¿qué se siente al morir?
- Saberlo sería experimentarlo. Y no arriesgaré mi trono en los cielos y avernos, por darte el gusto.
- Mi señor, no me darás el gusto a mí. Yo soy mortal, un esbirro que te adora y ama. Algún día seré polvo, tierra, y alimento de gusanos. Yo sabré lo que es morir.
- Cierto. Pobre inútil. No eres nada.
- No, mi señor. Pero ello me da doble ventaja sobre un Dios. Algún día me alcanzará la muerte, sabré qué se siente. Y por ello, ahora comprendo su significado. Mi vida es más intensa que la de un inmortal, mi señor, puesto que mi tiempo se agota y debo aprovecharlo. Saborear cada instante.
- Cierto.
- Pero tú, mi señor, no puedes saber lo que se siente.
- Sí puedo. Puedo saberlo cuando quiera. No será un hombre, mortal y ruin como tú, que nada vale pues es efímero, el que me diga a mí lo que puedo y no puedo. Voy a morir ahora, para saber lo que siente, antes que tú. Porque yo puedo. Puedo todo. Y tú eres nada.
Silencio...
Una sonrisa.
La libertad.
29 de marzo de 2009
El Cuentacuentos: Su amor fue tan intenso que les dejó con agujetas.
Ellos dos eran jóvenes, valientes y se veían capaces de llegar a la luna. Se prometieron un amor que demostraron apasionado, salvaje y sí, intenso hasta las agujetas. Él prometió que iría a donde fuera ella. Ella prometió que escaparía de su vida corriente. Y huyendo, caminaron juntos, de la mano, cuanto sus músculos les permitieron. Anduvieron bajo días soleados y bajo la lluvia de las montañas. Durmieron en las playas más recónditas, en el silencio más hermoso del mar...
Fue un camino que los llevó hasta perderse del mundo. Cuando uno de los dos no pudo más, el otro lo tomó en sus brazos y continuó caminando... Sólo cuando sus músculos murieron, agotados, martirizados por las agujetas, sólo entonces, decidieron que su camino había concluido.
Fue allí donde construyeron su hogar, donde criaron a sus hijas, y donde por siempre vivirán. O al menos eso recordarán las mentes que sí creen en la fantasía...
¡Flequillo loco!
El Cuentacuentos...
1 de noviembre de 2008
El Cuentacuentos: Y si... ¿secuestramos al sol? | Tú haz lo que quieras yo me voy a mi casa.
- Tú haz lo que quieras yo me voy a mi casa.- Le contesté.
- Espera, un segundo, míralo de esta manera.- Trató de convencerme con sus suaves palabras. Miraba hacia el oeste anaranjado, en los últimos segundos antes de que la bola colorada se metiera tras el horizonte líquido.- Si lo secuestramos, ahora mismo, en este preciso momento, haremos que esta noche sea eterna...-
Yo la miré fijamente, aunque ella seguía mirando al oeste.- Tú estás mal de la cabeza.
Ella sonrió.- No. Aunque parezca mentira, lo digo muy en serio. Desearía que esta noche fuera para siempre. Fíjate, no hay ni una nube, las primeras estrellas ya aparecen como puntos de nácar en el azul oscuro tras nosotros, y allí,- Señaló al sur, sin mirar siquiera.- debe estar naciendo ya la luna llena. Va a ser una noche preciosa.
Permanecí callado un momento, observando a intervalos cómo moría el sol y cómo nacía la luna, tan hermosa.
- Date prisa.- Continuó.- Dame permiso. Pídeme que secuestre el sol. Se nos acaba el tiempo... Ya se va, y comenzará esta noche finita, que terminará estando nosotros separados... ¿De verdad quieres eso?
Pensé que obviamente no lo quería. ¿Cómo podía pensar eso? Habría entregado mi alma a algún demonio vagabundo en aquel momento, por poder nadar hasta el sol y amarrarlo al muelle con un cabo tan largo como para que se ocultara tras el horizonte, pero tan corto que no le permitiera dar la vuelta al mundo.
Ella me miró, implorando que le pidiera que secuestráramos al sol. Ambos sonreimos, sentados en aquel muelle, con nuestras siluetas reflejadas en el agua anaranjada, enturbiada sólo por el vaivén de nuestros pies desnudos. No nos atrevimos a besarnos, y la magia del momento fue perdiéndose, como el sol tras el horizonte líquido, como nuestro tiempo, como el nosotros que formábamos allí sentados a escasas pulgadas.
- Debo irme a casa.- Le dije sin dejar de sonreir.- Hagamos una cosa. Dejemos al sol navegar por el cielo cada día desde este atardecer, y vengamos siempre a verlo marcharse. Pues prefiero repetir este momento contigo infinitas veces, que vivir en una noche que no termine nunca...- Observé sus ojos bien abiertos, justo antes de que el final de la circunferencia anaranjada desapareciera allá lejos al oeste.- ¿Qué te parece?
Para conocer más secuestradores de soles, o escuchar más conversaciones desesperadas:
El Cuentacuentos
7 de marzo de 2008
Mi frase en el Cuentacuentos: Voy a coger un frasquito de hierbas de mi librería...
Llevó el frasquito a donde estaba la chica, y allí lo abrió tras un pequeño esfuerzo. Al destaparlo, un preciado aroma inundó la alcoba. Fue un elixir del paraíso en la nariz de la chica, que levó sus manos hasta las de la bruja y lo cerró.
- ¿Cuánto de caro me va a salir?
La vieja se rió sobre su silla, recostándose en el respaldo.- He dicho que te saldría caro, sí, pero con La Juana puedes dormir a un burro, o a un oso, o incluso matar a alguien de sueño...- En los ojos de la vieja se dibujó una forma, fue como una chipa en su pupila, que se apagó al instante.- El precio que tiene, para que te preste esto, para dos dosis,- Remarcó.- es una promesa.
La chica no reaccionó. El precio era algo que realmente no importaba, habría pagado con lo que fuera por esas hierbas, así que le contestó firme.
- ¿Qué promesa?
La bruja se rió por lo bajo. Tenía la venta hecha.- Debes prometerme que el hombre con el que quieres utilizar La Juana, tendrá un hijo de otra mujer.
- ¿Qué?
- Es la única forma de salvarle la vida, lo sabes.- La chica no podía creer lo que oía.- Si tu hombre va a la guerra, morirá combatiendo heroico, pero morirá. Aunque si lo duermes una temporada con estas hierbas...
- ¡Basta!
- ¡Sabes que tengo razón!- Gritó la bruja con una voz especialmente estridente, y le quitó el frasco de las manos.- ¿Lo tomas o lo dejas? No tengo tiempo que perder en ti, ni garantías de que me lo devolverías. Así que hazme una promesa y llévatelo, o vete por donde has venido.
La chica quedó mirándola un rato, en silencio, hasta que habló en voz baja.- Sí que te o devolvería...
- El trato son dos noches. Venga, niña, decídete.
- Esto lo hago por él, porque no podría soportar su pérdida...- Calló un momento.- ¿Quién es ella?
La bruja volvió a sonreír asquerosamente.- Su nombre es Pagäna. Deben traer un hijo varón en menos de catorce lunas.- la chica comenzó a llorar, impotente, y la vieja se regocijó con ello.- Y quiero el frasco, con La Juana, de vuelta en dos días.
La moza asintió, la pobre, en estado de indefensión, desesperada. Y la bruja se levantó al momento, complacida, a por una bolsa de cuero a un pequeño baúl. La chica la siguió, a lágrima tendida, y mientras la otra envolvía el frasquito, le habló en sollozos.- ¿Y si no tienen ese hijo...?
- Más te vale que lo tengan, porque si yo no saco algo a cambio de esta transacción, iré a cobrarme lo que es mío. A devolver el río a su cauce...- cerró la bolsita de cuero con una cintita roja y sonrió.- Ya me entiendes, el que debiera haber muerto, morirá.
- ¿Quién es ella?
- ¡Eso a ti no te importa!- Contestó alterada la vieja.
- Pero... Si he de conseguir que tengan un hijo...- Sólo de pensar lo que acababa de decir se detuvo en seco.- Debo conocerla a ella también...
La anciana recapacitó.- Pagäna es una chica de la aldea de Bielmonte. Allí darás con ella. Trabaja trayendo agua de los pozos del sur a palacio. Sé que es difícil, pero también que lo conseguirás. Catorce lunaciones. No lo olvides.
Le entregó la bolsita de cuero con el frasco, y le tomó la manos.
- Una advertencia...- Dijo la bruja.- No te pases con la dosis de La Juana, puede legar a sumir a uno en tal sueño, que ya jamás pueda despertar de él. Bastaría unas pocas horas, bajo su cama por la noche. Se echará a dormir, y no despertará en unos meses... ten cuidado.
La chica asintió. Seguí llorando, y estaba a escasos palmos de la vieja bruja. Ella era horrenda, y aun más bajo la tenue luz de la vela. Ésta sonrió, y su arrugada cara mostró una satisfacción tan grotesca que la chica sintió un impulso irrefrenable de irse de aquel lugar.
Tiró de las manos de la vieja y se fue con las hierbas. Se marchó tan apurada, que a su paso se llevó la mesa y una silla por delante. Éstas se volcaron, y vela y cartas del tarot volaron al suelo de la alcoba. La vieja saltó histérica y apagó el fuego con pie descalzo. Abrió la puerta y le gritó a la chica antes de volver a cerrarla.- Tienes dos noches para pensarlo, y catorce lunas para pagarme... Tú decides.
Este cuentito fue escrito el 23 de diciembre de 2007, tras lo cual envié la frase al Cuentacuentos, que ahora han propuesto. Aunque llego tarde una semana, que sirva el cuentito como compensación.
Llevo mucho tiempo sin escribiros en El Cuentacuentos y aunque ultimamente tengo demasiadas cosas en la cabeza, creo que es un buen momento para retomarlo.
En especial, me gustaría escribir con la frase de Klover, de hace un par de semanas atrás. Y la de Scry, de esta semana, también me parece muy buena...
¡A ver si lo hago!
Un saludo a todos los cuentacuentos, y a todos aquellos que caigan aquí.
Darka.
13 de diciembre de 2007
El Cuentacuentos: el juego de las 5 palabras...
LUAZ Y LOS MORADORES DE LA NOCHE
Aquella noche el cuentacuentos narró uno de sus más formidables relatos... Comenzó hablando de un lugar muy lejano, una extraña tierra yerma donde a penas vivía nadie. Se trataba de un lugar muy inhóspito, unas extensas estepas cubiertas por completo de la ceniza de los incontables volcanes. Todo a la redonda en aquel lugar era negro, y durante las noches de luna llena, ésta bañaba de plata las almas de los muertos, dejando verles con su forma borrosa y azulada...
Según contó el trovador, al son de las notas de laud, aquel desierto volcánico era conocido como no-man's-land, las Tierras de Nadie. Allí, le habían contado, vivía una joven chica, una bruja, tal vez, eso decían. Ella era Luaz, en realidad una princesa de aquellas tierras.
Luaz, aquellas noches de luna llena en que podía ver a los muertos, salía a jugar al desierto. Iba ella sola, ya desde niña, y jamás tuvo miedo de ellos. Conoció, incluso, algunos moradores de la noche... Así los llamaban. No todos los que morían o habían muerto podían aparecerse bajo la luz de la luna, sino sólo aquellos que eran recordados por alguien en vida...
Luaz salía esas noches, y las pasaba en su compañía. Se alejaba de la civilización, de su hogar, y se adentraba en las Tierras de Nadie. A poca distancia de cualquier lugar, allí, uno se sentía muy solo, en mitad del desierto... Pero Luaz no. Había lugares, antiguos vestigios de civilización, que habían sido todos desalojados o destruidos por la ira de los volcanes... no-man's-land, como dijo el cuentacuentos, era un lugar muy parecido al infierno...
Pero a Luaz no le importaba. Ella sólo se alejaba de la protección de su ciudad durante estas noches, en que la luna salpicaba a los moradores de la noche con su plata reluciente...
El trovador terminó su relato sobre aquellas tierras lejanas, contando que Luaz se escapó cada noche de luna llena, desde su niñez hasta que su vejez no se lo permitió. Con la edad fue reina, y una bien poderosa en su tiempo, y sería por siempre recordada por su pueblo. Incluso muchísimo tiempo después aun se cantarían sus epopeyas, que, como esta, le permitirían acudir cada noche a bañar su alma bajo la fina plata de la luna....
4 de diciembre de 2007
El Cuentacuentos: Las turbulencias presagiaban lo peor
La subida fue terrible, pero lo lograron. Todo podría ser una leyenda, un cuento para asustar, o incluso una pesadilla... En ese momento todo podía ser, a lo mejor estaban los dos dormidos y todo aquello realmente no estaba ocurriendo. Fuese o no, habría valido la pena aquello. La sensación, la aventura, la osadía... Unos metros más arriba estaba la cima, el extremo más alto del mundo, el techo de todo cuanto existía. Y según decían, ahí habitaba algo que no era mortal, ni de este mundo, ni de ninguno... Y estaba ahí desde hacía milenios, a la espera...
Ella le tomó la mano a él, y éste le sonrió para darle ánimos. Como siempre, lo consiguió, y juntos escalaron los últimos metros. Allá arriba, en lo alto, en el final del cuento, o de la pesadilla, había algo que jamás habrían podido describir con palabras si hubieran logrado regresar... Se trataba de una gran puerta, un tremendísimo arco ojival, cuyas columnas estaba retorcidas y agrietadas, esculpidas por completo con miles de figuras y símbolos. Tras el umbral no se veía el cielo, ni la noche, ni las estrellas... Era un negro infinito que atrapaba la luz, que no la soltaba, y aun así, brillaba en su oscuridad...
No podían creerlo. Todo era cierto. Un cuento que se hacía realidad. No tenía porque acabar bien, pero eso era lo de menos, lo importante es que era real. Ahí estaba la entrada a... el camino a otro lugar. ¿Quién podía saber a dónde?
El gran arco temblaba como si estuviera a punto de desplomarse, pero ambos sabían que aquello no ocurriría. Y sin dudarlo, sin mediar palabra, aferrándose la mano como jamás lo hubieran hecho, echaron a correr hasta llegar al arco. Aquello parecía un terremoto. Las figuras de su superficie, demonios horrorosos advirtiendo que no pasaran, se burlaban de ellos en su forma pétrea, y haciendo eco de un valor insospechado, cruzaron el arco, desapareciendo de este y de cualquier mundo. Al instante, el arco se desplomó cerrando su camino de regreso... La montaña entera se derrumbó, y tras el cataclismo, una gran brecha se abrió tragándose todo en leguas a lo largo... Ese cuento había terminado ahí.
En algún otro lugar inimaginado, los dos pequeños se despertaron. Los dos lo hicieron con un grito. No estaban tomándose la mano, sino abrazándose. Se miraron de cerca, y se dieron cuenta de lo que había ocurrido.
Cuando un cuento termina, otro da comiendo...
15 de septiembre de 2007
El Cuentacuentos: Quiero que mi vida sea de esas que se inmortalizan en un libro
Los dos hombres andaban por el estrecho sendero, cruzando el frondoso bosque, sin un alma en millas a la redonda. Sólo se oían sus voces, sus pasos sobre la tierra, y los sonidos mágicos del bosque.
El otro hombre negó, sin saber exactamente a qué se refería. Miró al que hablaba, era un hombre muy peculiar: caminaba encorbado, bajo una capucha marrón que se alargaba hasta los pies en forma de túnica. Hacía un rato se habían encontrado ambos, en el camino principal, una de esas calzadas que los romanos habían construído hacía más de un milenio, y aque ahí seguía tras el paso del tiempo.
- Yo sí soy animista.- Dijo el jorobado.- Un animista es aquel que sabe que las cosas tienen un alma. Toda cosa tiene una esencia, que le dota de sentido. Incluidas las personas...
Cuando se encontró a ese hombre en la calzada romana, le preguntó si sabía cuánto faltaba para llegar a su destino, la gran ciudad de Praha, asentamiento de la corte de Bohemía. El jorobado, asintiendo, le dijo que no quedaba mucho para llegar, que conocía un sendero que cruzaba el bosque y atajaba unas horas la caminata.
- Toda cosa, tras haber sido hecha, guarda su esencia para siempre. Lo mismo que el alma de las personas, que es eterna.
El sendero descendía entre dos laderas, como siguiendo un curso natural tejido por las aguas en otro tiempo. Había raíces que salían de la tierra, como si necesitaran aire para respirar. Ni un rastro más de vida por donde arrastraban sus pies. Más allá, los árboles crecían a los lados, y el bosque se extendía en todas direcciones.
- Y toda persona que posee una cosa, es dueña de su esencia. Por ello, el hombre que posee a otro hombre, se hace con su voluntad y su fuerza. Un alma puede alimentarse de otras almas, ¿sabe usted?
Aquel hombre comenzaba a arrepentirse de haber accedido a ir con el extraño por el atajo. Todo empezaba a ser surrealista. ¿De qué demonios hablaba?
- El alma es la esencia de los hombres, y mantiene la fuerza de su carne... Por ello, para alimentarse de otra alma, hay que ingerir la carne que mantiene con fuerza.
Los dos se pararon en mitad de la nada y se miraron.
- Yo no era nadie, hasta que comencé a alimentarme de las almas de aquellos que sí eran alguien... Algún día alguien inmortalizará mi vida en un libro. Algún día yo seré alguien... Pero no se preocupe, en cierto modo, si mi esencia perdura en la historia, usted también lo estará haciendo...
29 de agosto de 2007
El Cuentacuentos: La belleza era su mayor bendición, pero también su maldición.
Ella ha avivado la leyenda que dice que una vez cada cierto tiempo se reúnen un mago y una bruja, antiguos amantes distanciados. Dicen que el mago es tan bueno y brillante y que sólo ella, la bruja, puede hacerle sombra. Al parecer conocieron la magia juntos y después se separaron, ella se dedicó al mal y él al bien, luchando el uno contra el otro desde entonces. Pero cada cierto tiempo se conceden una tregua y se reúnen, y es cuando la hermosa chica acudió a su encuentro, para pedirles su deseo: ser la chica más bonita del reino.
Ellos dos le concedieron el deseo, sería la más bonita, pero con una condición. El mago la bendijo con la belleza, pero la bruja la maldijo con la incapacidad de amar. La muy tonta, aceptó el trato...
Desde entonces la chica fue deseada por todos, al pasar todos se giraban y algunos hasta se atrevían a acercarse, pero ella no podía sentir nada por ellos. Alguna vez lo intentó, conoció a apuestos hombres en su vida, disfrutó de ellos al principio, pero siempre terminaba por arruinarlo todo. No, no podía, no podía amar.
Cuando volvieron a reunirse el mago y la bruja, allí se presentó ella también, y lo único que pudo recibir fue un consuelo de él, y una carcajada de ella. Era tan mala... Y la chica más hermosa del reino se marchó llorando. Pero después, cuando el mago ya se había despedido de la bruja, se le apareció a la hermosa chica y le dijo que sabía cómo aliviarle su mal...
El mago le contó que la bruja la había maldecido porque a ella le pasaba lo mismo: no podía amar. Cuando fueron jóvenes, mago y bruja se amaron, hasta que ella se inclinó por las artes oscuras... Una magia peligrosa que acarrea terribles consecuencias para el cuerpo, y ése fue uno de sus males. La bruja quedó incapaz de amar.
Ahora bien, le dijo el mago a la hermosa chica, ya no había vuelta atrás, pero podía ayudarle a él a derrotar a la bruja para siempre. La bruja tenía una debilidad: su desdén. Si la hermosa chica se le acercaba a suplicarle que le devolviera la capacidad de amar, seguramente la bruja le lanzaría otro maleficio... Pero el mago le daría un espejito mágico a la chica, con la propiedad de reflejar el hechizo y que afectara a su lanzador, es decir, a la bruja.
Ella, desesperada, aceptó. Lo único que quería era acabar con esa bruja despreciable.
Acudió hasta la cueva de la bruja, y allí la bonita chica le rogó que le devolviera su capacidad para amar, y la bruja, de nuevo, se echó a reír... la insultó, la humilló, y creyendo que ya no estaba bajo la protección del mago, le lanzó un conjuro diabólico... ¡La quiso convertir en una seta! En ese momento, la chica sacó el espejito mágico y el hechizo de la bruja le explotó en la cara...
Cuando apareció el mago a ver qué había pasado, se encontró con dos setas en el centro del suelo húmedo de la cueva. Una era retorcida y gris, estaba mustia y parecía a punto de morir. La otra era una bonita seta de un color rojizo que se elevaba varios centímetros del suelo, majestuosa, con una gran caperuza y miles de motitas de colores... Era la seta más bonita del reino...
Para más hermos@s con bellezas malditas...
20 de julio de 2007
El Cuentacuentos: Le temblaban las manos cuando tuvo que elegir.
Once minutos y medio atrás, él se encontraba saltando de esa moto que estaba tirada al fondo, haciéndose con los dos hombres desarmados en un momento. Y desde entonces ambos estaban tratando de argumentar y defender su vida. Los dos se habían reunido ahí, para tratar unos negocios, habiendo sido sorprendidos por el motorista, que había aparecido de la nada. Su primera reacción fue sospechar el uno del otro, pues aquella reunión privada era más peligrosa que un simple abrazo acogedor entre dos antiguos amigos. Los dos habían entrado, cada uno por una puerta, con sus hombres escoltándolos detrás. La orden había sido, una vez dentro y los dos desarmados, sellarían las entradas mientras hablaban y acordaban. Después, saldrían y cada uno por su lado.
Pero no, había llegado él.
Sólo había una explicación a de dónde había salido, porque sus muchachos se habían asegurado de que la nave industrial estuviera vacía... Aquello tenía que ser una traición del otro.
Uno de los dos estaba equivocado... Pero la cosa era mucho más complicada. Uno de los dos sí que estaba traicionando al otro, pero no del modo que pensaban...
Cuarenta y siete años después de aquello, dada la tecnología alcanzada, serán posibles muchas más cosas de las que nos son ahora. Las máquinas nos permitirán hacer muchas más... De entre todos aquellos avances a los que se llegarán, ahora nos costaría imaginar los viajes en el tiempo. Pero sí, se podrá, creedme que lo veréis.
Gracias a avances como este, los había sorprendido el motorista. Él sabía que en ese momento exactamente estarían precisamente ahí, en aquella nave industrial vacía, y sellada. Había ido hasta ahí, viajando en el tiempo cuarenta y siete años atrás, con la orden de matar a uno de los dos.
Sólo tenía que apretar el gatillo. Nada más... Y lo habría hecho. Pero no podía.
Entre sus gritos, logró pararse a pensar, y recapitular, pero la nueve milímetros siguió apuntando de una a otra cabeza sin detenerse. Le vino muy rápido a la cabeza aquella foto antigua. Sólo la había visto una vez, pero la recordaba bien.
Él siempre se había creído adoptado, pero una vez alcanzó a ver en la foto a su padre biológico. Estaba junto a su madre, y, además, su padre adoptivo, los tres de jóvenes. Ella era tan bonita...
Los otros dos hombres eran los que tenía ahora arrodillados delante, y tenía que matar a uno.
La orden le había venido de arriba, de las altas cúpulas, el director del servicio secreto gubernamental, única entidad con permisos para utilizar la tecnología del tiempo. Le habían ordenado expresamente a él viajar en el pasado y matar a otro hombre.
Ése director que le había encargado tal cosa, bajo mano y sin escribir ningún informe pertinente, había su padre adoptivo. El mismo que tenía ahora arrodillado suplicando, y que estaba a punto de recibir un tiro en la cabeza.
Su padre adoptivo sabía que encontraría a aquel hombre en aquel lugar, en aquel momento, porque había estado reunido con él en el pasado. Aun guardaba fecha y hora de la reunión en su agenda electrónica, tantos años después. Sabía que tenía que viajar en el tiempo hasta ese momento, para dar con el hombre que debía asesinar. Al hombre que ahora había resultado ser su padre biológico.
Y todo por la foto... Si no hubiese visto aquella vez la foto, no habría sabido nunca que aquel hombre era su padre de verdad. Y venía con la intención de matarlo...
La situación estaba así, y a él no le cabía en la cabeza. Podía matar a su padre adoptivo, que en el futuro le encargaría asesinar a su padre biológico. Era de locos... Es verdad.
Le temblaban tanto las manos mientras apuntaba a uno u a otro, que no podía ni sentir el sudor cayéndole por la espalda. Debía matar a su padre, pero ¿por qué?
Entonces le vino una pregunta aun más azarosa a la mente, y los dos arrodillados, callaron al ver su expresión cambiar. ¿Y si en ese momento él no había nacido todavía? Sí, al matar a su padre biológico él también moriría...
No le hacía falta hacer números. Tenía treinta y un años, así que en ese momento no podía haber nacido...
Con los dos en silencio, aunque mirándolo e implorándolo de rodillas frente a él, se planteó por qué entonces quería su padre adoptivo que matara a su padre biológico, si él también moriría...
Ahí es donde uno traicionaba a los demás.
Y fue entonces, con manos temblando al sujetar la nueve milímetros y teniendo que elegir, cuando el motorista se dio cuenta de que aquello no podía estar pasando. No era real. Imposible.
Pensadlo: si mataba a su padre biológico, él también moría, y aquella situación no habría podido darse nunca. Si mataba a su padre adoptivo, todo el futuro cambiaría, y aunque él viviera, tampoco podría darse aquella situación...
No podía ser. No tenía sentido.
¿O... sí?
16 de julio de 2007
El Cuentacuentos: La fábrica de sueños cerró por vacaciones
En otros tiempos, se trabajaba todos los días, pues era un riesgo dejar sin sueños a la gente durante un día, y en efecto, aumentaron las depresiones de la gente cuando se creó este día de vacaciones, pero es que los trabajadores necesitaban un respiro, un descanso.
La fábrica cerraba cada vez que era luna nueva. Ya que ella se tomaba vacaciones, ¿por qué no iban los creadores de sueños a tomárselas también? Con ese argumento lograron el día de descanso, de manera que trabajaban durante todo el ciclo lunar, iluminando de sueños las noches de los dormilones y dormilonas que vivían ignorantes de su existencia.
Ocurre, como os decía, que el pasado día catorce fue luna nueva, y claro... los creadores de sueños, en su fábrica, se tomaron vacaciones, y no hicieron nada.
Si os notastéis raros los cuentacuentos, como faltos de inspiración, como si tuvieras hambre, incluso, o una sed descomunal... ya sabéis por qué fue.
Aquella noche, la del trece al catorce concretamente, intenté escribiros un cuento, pero me fue realmente imposible, y es que claro, ahora entiendo por qué...
El cuento hablaba de un niño desconslado, estaba en mitad de un desierto y no dejaba de llorar y llorar... El pobre estaba impotente, sin poder hacer nada, y sin entenderlo, sólo lloraba y lloraba.
En realidad no sé como acababa... claro, es que ese día, no podía escribiros bien. Pero sé que el niño lloró tanto en aquella situación, que cuando surgió la primera sonrisa de la luna por el horizonte lejano, creció todo un bosque a su alrededor, alimentado por su lágrimas...
Fue tan bonito...
Lo importante no fue lo que le pasó al niño. Lo importante fue darme cuenta de que era incapaz de escribiros, y tuve que dejarle ahí, al pobre, llorando desconsolado... Y es que la fábrica de sueños había cerrado por vacaciones.
¿Sabéis lo que realmente pensé? Que esos trabajadores, esos que se toman vacaciones cada veintisiete días, cerrando su fábrica y dejándonos sin sueños, olvidando a niños desconosolados llorando en desiertos, no son más que otro sueño.
Ellos somos nosotros mismos, todos y cada uno de nosotros, cuentistas.
Así que el día que se me vaya la inspiración, pensaré en ese niño, y en que la luna siempre termina apareciendo de nuevo por el horizonte.
Y como aquella vez, suele hacerlo sonriendo. Así que así la esperaré yo también, sonriendo...
Os deseo buenos y bonitos cuentos, hasta el doce de agosto... que cerrará la fábrica por vacaciones.
4 de julio de 2007
El Cuentacuentos: La mirada que le devolvió el espejo no era la suya.
Pero no era ella.
No supo cómo reaccionar. Todos esperaban que le agradara el cambio. Debía sonreír, debía simular una nueva felicidad como caída del cielo. Pero... Es que esa mirada ya no era la suya.
Bueno, como consuelo le quedaba que seguía ahí, al pie del cañón, cumpliendo los cánones marcados de estética y que todos estamos obligados a cumplir, porque así es el mundo en que vivimos...
Sí, al final sonrió, pero más por cumplir que por sonreír...
Fue una sonrisa que se apagó despacito, casi sin que los demás notaran la desilusión. Se había confirmado, esa ya no era su sonrisa...
Ha llegado con retraso, pero es que erea una muy buena frase, y quería escribiros...
para más miradas no correspondidas: El Cuentacuentos
25 de junio de 2007
El Cuentacuentos: Imaginaba que era un pirata cuando jugaba con su espada de madera
Pero ahora... Con el paso de los años todos pierden la ilusión, aparcan las espadas de madera y deja de importarles si se les hunde el barco pirata... Dejan de volar y de soñar. Pero él nunca dejó de hacerlo. Él sigue deseando poder echarse a correr, y luchar contra piratas y rufianes imaginarios... Pero está ahí, en esa silla sin poder levantarse, envidiando a todos los que aun lo hacen. Sonríe por la ventana viéndoles correr y gritar, dándose mamporrazos como si se batieran con el mismísimo Garfio, y él los observa en silencio, sin dejar de mover ese bolígrafo mágico...
Con él escribe todos los cuentos que los demás niños narran en la distancia. Sus ilusiones y sus aventuras no le apenan, ni deberían apenarte a ti tampoco. Él las aprovecha, las vive y las revive. Las escribe y nos las brinda. Hace que esos sueños no mueran nunca...
Así que no estés triste tú al verle ahí en silencio, porque cada uno hace lo que puede para sonreír. Cumple tú con tu parte, y lee sus historias. Te darás cuenta de que en ellas hay tanta magia como la había en aquella espada de madera...
12 de junio de 2007
El Cuentacuentos: La habitación del deseo
Por eso, cuando llegué allí, pedí mi deseo... Te pedí a ti. Y ahí te apareciste... Sí... Y eras toda mía, toda para mí, y no podía creerlo. Pero ahí estabas, y no pensaba desperdiciar la ocasión! Lo primero fue preguntarte tu nombre, y quise saber todo de ti, y lo supe...
Tantas veces te miraba sin saber nada de ti. Alguna mirada me habías lanzado de repente, hasta un saludo...
¿Te acuerdas? Jajajajajaja. Pero ya no importaba, porque entonces lo supe todo de ti, y eras... Eras justo como te había imaginado. Con esa voz tan dulce me lo contaste todo, todo...
Hicimos planes de futuro, nos prometimos el uno al otro, porque... claro, eras mi deseo. Y entonces no me paré a pensar en cuando saliera de la habitación. No me importaba.
Tú ya serías mía para siempre, y nadie más lo sabría, jamás.
Sonreíste, bailaste para mí, me hablaste con esa voz...tu vuz... Era lo único que tenía de ti hasta entonces, eso, y verte tan de vez en cuando. Eras tan preciosa...
Te conocí, me conociste, y aquello sería para siempre. Lo supimos los dos. En reaidad ya lo sabíamos los dos, pero nos hizo falta encontrarnos en mi habitación del deseo para que te dieras cuenta.
No lo olvidaré jamás... Cómo te acercaste, como me besaste, como nos acariciamos... Tu manera de moverte, de sonreir cuando te miraba, de bailar para mí...
Fue tan increíble...
Ahora lo recuerdo todo cada vez que te veo, cada vez que te oigo susurrar con esa vocecilla, cada vez que me sonríes, cómplice, sin que nadie más alrededor sepa nuestro secreto.
Somos el uno del otro.
No importa que no te acerques a mí para demostrarlo. No importa que no vuelvas a besarme, pues sigo viendo verte bailar frente a mí, paseando como la brisa burlona, cuando llega, te conmueve en silencio, te acaricia sin que nadie lo vea, y continúa su camino...
Nada más importa. Tú eres mía y lo serás para siempre. Y lo mejor es que nadie, nadie lo sabe...
El secreto del encuentro en aquella habitación será guardado para siempre...
20 de mayo de 2007
El Cuentacuentos: Te conozco demasiado bien
Te veo y te ves, y nos vemos, como contestarías tú... ¿A qué sí? Porque hablando como hablas, diciendo todas esas... No, no utilizaré esa palabra enfermiza. Lo que dices no tiene sentido, o al menos no para mí, ni para nadie fuera de tu cabeza, pero no lo son. Son sólo pensamientos, tus pensamientos disparados sin control.
Y... Siento mucho lo que te está pasando, y siento muchísimo tener que haberte llevado allí... ¡Claro que me cambiaría por ti! ¿Qué tipo de pregunta es esa? ¿De verdad crees que yo quería hacerlo? Claro que no... Yo también odio ese lugar... Odio que estés allí dormida. Odio que me mires así. Odio tener que visitarte para verte, que vaya a allí y ni siquiera me reconozcas...
Y me lo cuestionas si no me doy cuenta... Que ésa eres tú, me repites, que no te pasa nada... Pero no. Eso no es así, y... Joder, ya quisiera poder cambiarme por ti, y que no estés así. Pero no puedo.
Pero bueno, lo único que me consuela es que sé que no sabes nada, que no eres tú la que habla y tanto piensa, la que está ahora en esa cama durmiendo mal acompañada... Me consuela pensar que eso era lo que había que hacer, y que uno de estos días saldrás de ahí, estando bien, siendo tú otra vez...
2 de mayo de 2007
El Cuentacuentos: Hola, ¿bailas conmigo?
- ¿Has leído el libro que te di?- Contestó ella preguntando, tajante.
- Sí. El título de aquel libro llamó poderosamente mi atención. Gracias.- Y volvió a sonreír de aquella manera tan peculiar, como tan sólo él lo hacía.- Pero... No lo he entendido muy bien, esperaba que me ayudaras.
Los dos quedaron en silencio. La inocente petición le hizo dudar a ella. ¿Estaba siendo irónico?
- ¿Lo harás?- Repitió él.
Sonaba una hermosa melodía que entraba por la ventana, traída por el aire de aquella noche de luna llena. Ella estaba de pie, apoyada sobre la estantería de su estudio, y a su espalda, incontables libros y manuscritos guardaban infinita sabiduría. Compendios y tratados de filosofía, medicina, psicología y otras disciplinas permanecían ordenados, expectantes y conocedores del secreto que él aun no conocía.
- Sí.- Dijo.- Te ayudaré.- Estaba muy sería, mirándole. En él vio esa expresión taciturna, y dio un par de pasos hasta llegar a él. Tomó su mano, se arrodilló para ponerse a su altura, y añadió cuatro palabras.
- Pero prométeme una cosa.
Él asintió.- Dime.
- Vas a escucharme, muy atento, y vas a tratar de entender lo que te digo, ¿vale?
- No estarás otra vez con eso...- No obtuvo palabra por respuesta, pero en su rostro la vio reflejada, y negó con la cabeza... Estaba harto de todo aquello.
- Desde el accidente, todo cambio.- Dijo ella por fin.- No quieres creerme, pero lo digo en serio. Sé de lo que hablo.
Él se encogió de hombros.- Sí... Lo sé. Pero en serio... Es que ya no puedo más.- La miraba fijamente, y ella comenzó a sentir cómo su mano temblaba.
- Escúchame.- Dijo.- El accidente fue muy fuerte. Eso ya lo sabes. Después pasaste mucho tiempo en el hospital... Hicieron lo que pudieron, pero tu sistema nervioso quedó dañado irreparablemente.
- No...- La interrumpió él.- Estoy bien.- Y calló con un suspiro.
- Escúchame... ¿Qué leíste en el libro? Dime.
- Bueno... Habla de aquel hombre. El que sufrió una apoplejía del hemisferio derecho del cerebro. El muy tonto no sabía ni que había quedado paralítico de medio cuerpo.
- No estaba paralítico...- Dijo ella muy despacio.- Era una parálisis, una hemiplejia. No podía mover la mitad izquierda de su...- Las palabras se quebraron al ver aquella media sonrisa irónica.- cuerpo.
- En serio... Yo estoy bien. De verdad... Los médicos exageran, si es que...
- Escúchame...- Dijo ella otra vez en voz baja.- Aquel hombre... No era tonto por no saber lo que le pasaba.
- No...- Él se rió por lo bajo.
- Se llama anosagnosia, y significa no poseer un conocimiento...- Movió la cabeza.- Una persona que tiene anosagnosia, no sabe que le pasa algo, ¿entiendes? Es incapaz de saber que está enfermo...
Calló por unos instantes, y miró a través de la ventana sin ver a la luna.
- ¿Qué decía en el libro...? ¿Qué has leído tú mismo en ese manual, acerca de la apoplejía derecha?
- Sí. Si yo te entiendo, pero es que a mi nunca me dio una apoplejía...
- Sí. Sí que te dio. Dime, qué dice...
- Dice que algunos pacientes que han sufrido una parálisis del lado izquierdo de su cuerpo tras sufrir la apoplejía, tienen anosagnosia, con lo que no saben que están paralíticos...
- No están paralíticos...- Repitió ella aun buscando a la luna.
- Ya... Es una parálisis... Ya me lo has dicho.- Callaron los dos.
- Pero a mí no me pasa nada. Nada.
Ella no contestó, ni dijo nada por un rato, y permanecieron en silencio. Él temblaba más que antes, y ella apartó su mano, dejándola caer sobre su pierna derecha, que la acarició hasta llegar a la izquierda. Entonces sonrió, al encontrar a la luna, que de nuevo se asomaba a la noche.
- ¿Lo has sentido?- Dijo ella de nuevo mirándole.
- ¿El qué?
- Mi mano...- Sus palabras sonaron casi más como una pregunta inocente.
Pero él sonrió, sin comprender en absoluto.
Entonces ella se levantó y le dio un beso en la mejilla izquierda.- No.
- No, ¿qué?
- No puedo bailar contigo...
Él negó con la cabeza. Estuvo a punto de resoplar. Estaba harto de que le repitieran lo mismo.
- Piénsalo. Sólo te pido que pienses si es posible...- Dio media vuelta y caminó hacia la puerta, y después de las ultimas palabras, la cerró al salir.
- Tan sólo intenta imaginarte a alguien que no es capaz de sentir la mitad de su cuerpo... Que no puede moverlo y no lo sabe. Simple y llanamente, no lo sabe. Alguien que no es consciente de todo aquello...
10 de abril de 2007
El Cuentacuentos: Nunca he sabido hacer el equipaje
25 de marzo de 2007
El castillo al que no había forma de llegar
Los pocos que lo habían conseguido, contados con pocos dedos, no pueden ser nombrados, pues el secreto debe permanecer así, silenciado. Pero ellos estuvieron allí. Al llegar vieron que el castillo estaba derruido.
Era algo muy extraño. El castillo podía ser divisado a gran distancia, allá en lo alto de la colina, y también ser visto desde abajo, entre los escarpados acantilados, desde el pantano de aguas verdosas. Y siempre, desde allá lejos, parecía un formidable bastión, un castillo digno de un gran señor.
Pero al llegar, algunos se desilusionaban, al encontrarlo por completo en ruinas. Tan sólo quedaba en pie la torre del homenaje, y algunas estancias inferiores. Nada más, y en fatal estado.
¿Por qué sería eso? Nadie, ninguno de los pocos que habían logrado encontrar el castillo, comprendían aquello. Nadie sabía por qué, desde lejos parecía formidable, y al llegar no eran más que unas ruinas olvidadas.
Al parecer, entre los pocos que llegaron hasta aquellas ruinas del antiguo castillo, hubo dos que ya jamás regresaron. Ambos acudieron allí juntos, escapando de sus propias realidades, y esto es tan sólo una leyenda, se dice que sí, que se quedaron.
Durante todo el tiempo que allí estuvieron, hasta el fin de sus días, nadie logró encontrar el castillo, y allí vivieron juntos, los dos solos. Ella era una princesa elfa, cuyo nombre está escrito en los anales del tiempo, por pertenecer a una de las más altas estirpes de los elfos. Él era un marinero sin rumbo fijo, que al parecer, navegando río arriba desde el gran estrecho, había encontrado el pantano. De allí había visto el castillo, y con él se obsesionó hasta encontrarlo.
Ocho largos años... Ocho años buscando el castillo pasaron los dos, y al final dieron con él. Y ahí estaba, por sorpresa aunque sin decepción, hecho una ruina. Pero eso no les importó. Ellos dos se quedaron, y allí nadie los molestó...