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27 de septiembre de 2012

La relación entre mis cuentos

Hola, hoy vengo a contaros una historia. La historia de todo un mundo imaginario: Mi Mundo.
He escrito hasta once cuentos ambientados en él, además de un buen montón de relatos cortos, y todos, al estar ambientados en un mismo contexto espacio-temporal están relacionados en mayor o menor medida. Creo que puede llegar a ser confuso a menudo esta idea, o más bien el concepto de lo que significa, así que sin más vengo a explicarme.
Los títulos de los que vengo a hablaros son los siguientes. La idea es enmarcarlos todos dentro de la historia de Mi Mundo. A ver si lo consigo...
Éstos son:

El Cuento del Dragón y la Sirena (2003)
La Canción de Clauda (2004)
Alba, la Hija de los Mares (2005)
Un Atimo (2005)
Kelpie, la Dama del Amanecer (2006)
Scrópolo, el Necrófago (2007)
La Leyenda del Sin Fin (2007)
El Duende, la Doncella y el Monstruo del Lago (2008)
Los Doce Navíos Elfos (2008)
La Sirada (2010)
Historia de una Estatua de Piedra (2011)
Crónicas de la Guerra de los Mil Años (en escritura)
El Cuento de Siläe (proyecto comenzado en 2004, en el cajón)



Al Principio de Todo este mundo imaginario era un mero planeta más de los que ahondan en el universo. Fue entonces cuando siete Dioses, los Siete Grandes Lüe, lo encontraron adecuado para quedarse. Allí permanecieron muchísimo tiempo, a lo que se llamó la Edad de los Dioses, que dio fin tras una cruenta guerra. Los Dioses, en su afán por poseerlo todo, lucharon entre sí por el mundo, pero sus combates fueron tan duros, que casi lo destruyen, dejándolo plano, con la forma de una moneda cuando hasta ahora había sido esférico. Cuando el mundo amenazaba con destruirse, partiéndose por la mitad, los Dioses se reunieron y decretaron la paz. Así, determinaron exiliarse casi todos juntos a un lado, y dejar el otro a los mortales, para que cuidaran de él. Fue entonces cuando dio fin la Edad de los Dioses, y comenzó la de los Elfos.

Aquí tenéis la Línea del Tiempo de la Edad de los Elfos, para conocer los principales hechos acontecidos:


En ese momento Dianae, Diosa de la Vida y la Naturaleza, dotó de vida a los mortales, dejándolos vivir en un lado del mundo, al que llamaron Mawol (mapa). Por una parte dio vida a los elfos, que llegaron en Los Doce Navíos Elfos a la Tierra de Aradán (mapa). También nacieron los enanos entonces, en el subsuelo, a partir de las raíces del Gran Árbol-Dios en que estaba convertida Dianae. Los hombres nacieron también entonces, pero en una etapa de su evolución muy rudimentaria. Los elfos tardarían mucho tiempo en tomarlos en cuenta, pues al principio estaban más cercanos a sus parientes primates que a los hombres en que llegarían a convertirse. Habría de pasar mucho tiempo aun para que llegara su Edad. Dianae creó a otras criaturas mortales, como al resto de animales y vegetación, entre otros seres, pero no fue la única, pues a Orloog, Dios de la Guerra y la Justicia, también se le permitió traer mortales a Mawol.
Sin lugar a dudas, los elfos fueron quienes evolucionaron más pronto, llegando a colonizar todo Mawol desde la Tierra de Aradán. Convivieron en aquella isla diez de las doce casas en paz durante unos quince mil años, hasta que estallaron las Guerras de la Sangre. Aquella fue una cruenta guerra que acabaría con todo. La Gran Isla se partiría en un archipiélago de incontables islas, al que llamarían los Reinos Elfos de Eleanor (mapa), y muchas de las casas reales emigraron a diferentes lugares del mundo.
Pasaron muchos milenios, en que los elfos poblaron casi todas las regiones del mundo, y los hombres fueron evolucionando. El mestizaje, el azar o la intervención de algún dios hizo que, tras muchísimo tiempo, llegaran a alcanzar la capacidad de aprender, de hablar y comunicarse, de formar una cultura. Cuando los hombres comenzaron a expandirse por el Mundo, los elfos comenzaron a darse cuenta de que aquellas criaturas eran inteligentes.
Entonces ocurrió algo que lo cambió todo.
Al Otro Lado, donde vivían los Dioses exiliados, Mëryl, el Dorado, un poderoso dragón de oro, se enfrentó a Ssuhl, el Dios Muerto. Éste golpeó al dragón con tanta fuerza, que desde el Otro Lado atravesó el Mundo, surgiendo por Mawol, donde habitaban los hombres. Lo llamaron el Gran Cataclismo. Todo un continente (mapa) surgió de las agua, y en su centro quedó un grandioso volcán, por donde hubo atravesado el dragón el Mundo. Terribles terremotos se sucedieron, y la geografía de todo Mawol cambió (mapa). Los Reinos de Eleanor se desplazaron hacia el norte, y una cadena volcánica surgió de la tierra en el Viejo Mundo, casi partiendo lo que quedaba de planeta.
En ese momento los elfos dieron por terminada su Edad, dando paso a la de los Hombres.

Aquí tenéis la Línea del Tiempo de la Edad de los Hombres, para conocer los principales hechos acontecidos:


No es que el tiempo se ralentice durante la Edad de los Hombres, ocurre que los elfos, al ser inmortales, perciben el tiempo de otra manera. Así, durante esta época sucedieron muchas más cosas, pues lo hombres fueron dotados con una vida limitada.
Ocurrió tras el Gran Cataclismo que los enanos lograron encontrar la salida a la Superficie, a través de la cadena volcánica que se formó, a la que llamaron las Montañas del Anochecer (mapa). Esta alta cordillera separaba el Viejo Mundo de los Páramos de las Estrellas, un extenso desierto en que siempre es de noche. En el Viejo Mundo, que por aquel entonces estaba habitado por los elfos de la Alta Estirpe de Laentis-Anne, proliferaron varios de los linajes de los hombres. La mayoría de ellos, en un momento de expansión se vieron obligados a ocupar las tierras de los elfos, pero éstos los aceptaron con agrado.
De por esta época, se datan los hechos acontecidos en dos de mis cuentos: Scrópolo, el Necrófago, y en El Cuento de Siläe, cuando fuera invocada Ulara, la Llorona, uno de los Demonios Resentidos.

Entonces fue cuando estalló la Guerra de los Mil Años (mapa histórico), en que los vesorianos, los hombres que habitaban la noche del desierto, cruzaron las Montañas del Anochecer para conquistar el Viejo Mundo. Casi lo logran, un milenio duró la contienda, en que los enanos al principio se ocultaron por temor bajo la tierra, y los hombres y elfos del Viejo Mundo se vieron bajo el yugo de las bestias. Fueron tiempos difíciles, pero al final lograron la paz entre ellos, y aliarse contra los vesorianos. Varios siglos les costó expulsarles definitivamente del Viejo Mundo.

Aquellas tierras, donde evolucionaron los hombres más pronto, junto con los catones en las Tierras de Catai, al este, fueron donde acontecieron la mayoría de hechos relacionados con las Guerras de la Luna, y con mis cuentos.
Las Guerras de la Luna fueron la segunda gran contienda que azotó el Viejo Mundo. Siete poderosos demonios, los Resentidos, trataron de acabar con todo, sin conseguirlo. Los Demonios Resentidos fueron traídos por Orfgod, el Dios de los Siete Rostros, quien quería destruir a los mortales por haber heredado el mundo, y con él la Luna, de quien estaba enamorado. En La Canción de Clauda se narra cómo fue invocado Legumes; y en Historia de una Estatua de Piedra cómo fue invocado Gingoen, dos de los Demonios Resentidos. Los Resentidos tenían dos órdenes, destruir el mundo, y no mirar jamás a la Luna. pero Golöel, uno de ellos, desobedeció, y una noche observó a la Luna en el cielo, quedando prendido de ella. Así, comprendió las razones de Orfgod para destruirlo todo, y decidió desertar, formando un tercer bando en la guerra. 
Al final, él fue el último en caer, pero como su cuerpo era etéreo, lo hicieron preso en el interior de una Gran Roca, atado por medio de una runa mágica. En ese momento nació la Leyenda de Golöel, al ser forjadas las Trillizas, tres espadas que fueron regaladas a los tres grandes héroes vencedores. De ello se habla en Kelpie, la Dama del Amanecer. Las tres espadas fueron separadas, pues cada uno de ellos se llevó la suya a sus tierras, pero la leyenda decía que si eran fundidas juntas sobre la roca, tapando la runa que ataba al demonio, éste sería liberado.
El camino de cada una de las Trillizas fue largo y tortuoso. Siglaia, la que fue entregada al Rey Tirian, Señor de los Elfos, se perdió en los Reinos de Eleanor, durante las Guerras de la Magia, que dieron comienzo durante la Primera de de las Guerras de la Luna. Pero la espada, por el azar o el destino, regresó al Viejo Mundo, como se relató en La Leyenda del Sin Fin, y en El Cuento del Dragón y la Sirena
Al final, las espadas serían reunidas, y Golöel sería liberado. Así, el Demonio Resentido ocupó el cuerpo de uno de aquéllos que lo habían rescatado, los Elegidos de Golöel, los llamaron. Algunos dijeron que Elgo estaba predestinado a volver a unirse con Golöel, pues ambos nacieron juntos, pero otros piensan que fue la participación de Alba, la Hija de los Mares, lo que hizo que el elfo se encontrara allí, liberándolo. De todo ello se hablará algún día en "Elgo, aquél que no alcanzó su destino".
Así comenzó la Segunda de las Guerras de la Luna, que terminaría poco después, viéndose Golöel obligado a nadar hasta el Beso de la Luna, donde la engañó con halagos, secuestrándola. Golöel huyó con la Luna hasta un lugar remoto, y allí permaneció un siglo. Todo ese tiempo la Luna no pudo surcar el cielo del mundo, y los mortales se vieron aflijidos por ello.
Antes de que Golöel fuera encontrado, en el Templo del Adiós, y liberada la Luna, ocurrieron los hechos narrados en La Sirada (mapa de la época). 

Por último, me falta nombraros El Duende, la Doncella y el Monstruo del Lago y Un Atimo. El primero se sitúa en 1516, según el calendario de los hombres, así que fue antes de que liberaran a Golöel. Y Un Atimo es complicado determinarlo, pues es un cuento atemporal, escrito en pedazos de sucesos a lo largo de toda la historia que os he contado, entrelazándose constantemente con mis otros cuentos, y que juntos narran las hazañas del Viejo de los Relojes de Arena, quien podía viajar en el tiempo.

Y lo cierto es que lo que ocurre después de lo que os he relatado, no me interesa demasiado. El final de la Edad de los Hombres se data al terminar el S. XVII, cuando da comienzo la Edad de la Incertidumbre...





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6 de marzo de 2010

La Dama Negra

Llevo unos días queriendo escribir un monográfico de la Dama Negra, uno de mis personajes preferidos. He pensado que puede ser un buen apartado para el blog, de vez en cuando hablaros sobre un personaje en concreto. En realidad ya lo hice en otras ocasiones, aunque no lo pensé como un nuevo apartado. Otros personajes de los que ya escribí monográficos aquí fueron Firin, de Firindain; Kalhia, de Quivarén; Murtagh, el Señor Caracol; Sebah, el Duende de Epoxi; o Ulara, la Llorona...


Pero hoy os hablaré de la Dama Negra, un personaje enigmático que dedicó sus vida a una empresa que jamás lograría cumplir.
Nunca he llegado a saber su nombre, pues seguramente fue conocida por diferentes en momentos y lugares diferentes... Pero en todo caso, siempre sería conocida por el sobrenombre de la Dama Negra.


Ella es una elfa, de la Alta Estirpe de Gelidén, los amantes de las estrellas, que en algún momento de su vida, siendo aun joven, pudo leer un Lunariu, y así descubrir que los Demonios Resentidos llegarían al mundo, para devastarlo. Así, la Dama Negra dedicaría su vida a evitar que estos crueles demonios fueran invocados en el mundo.
Ella es una hechicera misteriosa, una ermitaña, que prefiere la soledad a la insustancial compañía. Se oculta en diferentes sitios, sin una residencia habitual, y ha vivido para ver nacer y morir a muchísimas generaciones de hombres... Es muy poderosa.
El primer dato conocido que tengo de ella, es que estuvo en la Torre de Teth Nolin, durante la Llegada de la Llorona, en el año -1253 del calendario de los hombres del Viejo Mundo más occidental. Estos hechos se narran en El Cuento de Siläe. En aquel momento sería invocada Ulara, la Llorona, el Demonio Resentido imaginado en la Tristeza de Orfgod... La Dama Negrahabría acudido a la torre perdida en aquel inmenso desierto en que siempre es de noche, pero no habría logrado su empresa.

Hasta entonces, parece que los elfos del Bosque Encantado de Loth-Darien pordrían haberla estado dando asilo, aunque éste es un dato aun por confirmar.
Después de la Llegada de la Llorona, la Dama Negra debió ocultarse por diversos lugares, rondando de aquí y allá, tratando decambiar lo que se avecinaba. Presumiblemente, estuvo tratando de dar caza a Ulara, es posible que hasta se batieran en duelo en alguna ocasión, pero de ello nada quedó escrito, que se sepa.

Mucho tiempo después, en el año 1008 del calendario de los hombres, la Dama Negra volvió a aparecer en el Nuevo COntinente de Ülathar, tratando de evitar que Gingoen, el Demonio Resentido imaginado en la Impotencia de Orfgod, fuera llamado. Ello es relatado en el cuento de Lyda de Lis.
¡Habían pasado más de 2000 años de la llegada de la Llorona! La Dama Negra habitó de aqui y allá, siendo conocida siempre como una ermitaña, tratando de pasar desapercibida, y viviendo como pudo. Frecuentó la Torre del Recuerdo, donde pudo consultar algún Lunariu, los libros que hablan de la llegada de los Demonios Resentidos. Tal vez vivió allí, adorando al Dios del Recuerdo, una temporada... Esa torre está situada en las Montañas del Anochecer, en algún punto de los Reinos Enanos, y en ella se alberga la mayor biblioteca del mundo.

Pocos datos comprobados se tienen de la Dama Negra. Es probable que aparezca en otros cuentos, como el de El Eviterno, que hablará de la llegada de Evilized, el Demonio Resentido imaginado en el Deseo de Orfgod, pero aun debemos esperar para saberlo.

La Dama Negra siempre vivió a parte de la sociedad. Era una vagabunda, una ermitaña, y una poderosa hechicera. Siempre vistió de negro, como si preveyera un luto por lo que estaba a punto de acontecer... Portaba un precioso báculo, con el cual podía hacer magia, y con lo largos años de estudio y práctica, había alcanzado gran sabiduria.
En la mayoría de las ocasiones, los protagonistas de los cuentos en que se deja ver, la toman por una bruja con fines oscuros... Si hace el bien o el mal, es relativo. ¿Justifica el fin los medios? tal vez ése sea el gran debate que presenta este personaje... Ella sabe que se va a desatar un gran horror en el mundo, que viene dispuesto a devorarlo todo, y tratará de evitarlo a toda costa, pagando cualquier precio por ello...

Me encanta este personaje. Y me alegra saber que aun me queda mucho por descubrir de ella... Ya os iré contando!!

Darka.

11 de noviembre de 2007

Primera planta. 06.11 horas.

Antes de que leas esto:
A pesar de ser esta la primera parte de un capítulo doble que se llama Dos encuentros. Debe leerse antes la segunda parte del capítulo doble, que lo encontrarás en la entrada que le sigue a esta - aquí -.
Te recomiendo que la leas primero.
¿Por qué es así? Bueno, en realidad si te fijas en la hora, el otro capítulo ocurre primero.
Otra razón es, simplemente, que me gusta más así...

Lo siento, capitana, no me dio tiempo a avisarte...
Aun así, me alegro de que te gustara.

La Dama Negra avanzaba pegada a la pared, tratando de ocultarse en el umbral de la única puerta que tenía el pasillo. Iba siguiendo a los valientes de Düredar y al elfo, que caminaban en grupo unos cuantos pasos por delante suyo. A través del corredor, podía ver perfectamente la lucecilla de ese incordio de hada que siempre acompañaba al elfo. Daba vueltas alrededor de todos ellos, yendo y viniendo, adelante, a iluminar la cabeza, y atrás, donde estaba el elfo. Ese elfo... El heredero de una de las grandes Estirpes de los Elfos, y estaba ahí, jugándose la vida, arriesgando trono y nombre por salvar a esa chica. Era incomprensible para ella. Hasta los príncipes elfos son manipulables cuando se enamoran... Sonrió, y se asomó desde el umbral. El grupo de salvadores, los muy ineptos, giraban la esquina, el corredor seguía a la izquierda.

Cuando el último de ellos, el elfo, había girado la esquina, ella caminó silenciosamente hasta ella. Creyó haberse precipitado, tal vez, cuando escuchó su voz, con ese acento élfico que tanto le asqueaba.

- Parad. He oído algo ahí atrás.

Lo dijo en voz baja, y los pasos cesaron. Ella intuitivamente, ordenó a su bastón que dejara de emitir esa luz que sólo ella veía, que se apagó. Y de pronto, frente a sí, apareció el hada del elfo, que giró la esquina y se le plantó en la cara. La elfa, al ver que estaba a punto de ponerse a chillar, asquerosa voz de pito, la atrapó entre sus manos con agilidad, y guardó completo silencio.

Entonces no vio nada, nada en absoluto, pero le escuchó acercarse. Permaneció completamente quieta, pero el elfo estaba ahí. Podía sentirle. Debían estar cara a cara, a escasos palmos de distancia. No respiró, no se movió un ápice...

- Lya, vámonos.- El elfo habló y la Dama Negra se estremeció. Le tenía justo enfrente. Entonces él se debió dar la vuelta y alejarse, derecho al grupo.- No ha debido ser nada...- Dijo, y reanudaron la marcha.

Si esa elfa era capaz de poseer corazón, le estaba palpitando frenético, a toda velocidad. Tardó un segundo en reaccionar, y entonces cayó en el cosquilleo entre sus manos. Abrió las palmas, y el hada salió revoloteando e iluminándolo todo. Salió espantada, girando la esquina hacia su amo.
Entonces la elfa desapareció. No sé si por arte de magia o es que veloz se deslizó por el pasillo, en todo caso, se escabulló.




Dos encuentros (primera parte)
El Cuento de Siläe
Memorias Olvidadas
Darka Treake

7 de noviembre de 2007

Primera planta. 06.08 horas.

Agenon iba en cabeza, seguido de Sofio, alumbrando, después Aladar, y Eledar, éste renegando por lo bajo. Por último iba Ïlandil, separado de los demás un paso. Todos avanzaban por el pasillo, en silencio, salvo por Eledar que sólo se quejaba. Dejaron una puerta a la derecha, que estaba cerrada. Agenon se había parado a escuchar, pero nada, siguieron adelante, hasta girar a la izquierda. El corredor seguía, y a su derecha quedaba ahora otra puerta cerrada. Agenon escuchó a través, y, de nuevo, nada. Dudó, pero no abrió. Continuaron la marcha y todos giraron la esquina, aun no se veía un final. De pronto, el elfo habló a la espalda en voz baja.

- Parad. He oído algo ahí atrás.

Todos pararon, y Lya, el hada del príncipe elfo, revoloteó brillando hacia la esquina, a escasos pasos de su amo. Al girarla desapareció.

El elfo corrió hasta allí, hasta la esquina, y no vio nada. El pasillo por donde habían venido estaba en completa oscuridad, y Lya había desaparecido. Se quedó muy quieto, intentando escrutar el negro interminable, pero no alcanzó a verla. ¿Dónde se habría metido? Tuvo el impulso de mover el brazo hacia adelante, pero se sintió ridículo al no esperar tocar nada y no ver nada.

En seguida, se dio la vuelta diciendo:- Lya, vámonos.- y se dirigió mirando a su espalda hacia los demás.- No ha debido ser nada...- Dijo, y reanudaron la marcha.

Al momento, apareció Lya de la esquina, despedida hacia Ïlandil, que se detuvo en seco. El hada venía revoloteando histérica, como loca, comenzó a dar vueltas alrededor de la cabeza del elfo, que trató de calmarla. Interpuso una mano en su trayectoria, y la pequeña, al chocarse, cayó sobre la otra.

- ¿Qué ha ocurrido, pequeña?- Dijo, tierno y preocupado, a la vez.

Lya le susurró algo que los hombres de Düredar no escucharon, pero que debió alertar al elfo, que saltó hacia la esquina, y se perdió tras ella. No llegó lejos, sólo unos metros, porque no había nada. El hada lo alcanzó, y voló sobre él, pero no vio nada con su luz. El pasillo, hasta donde alcanzaba su vista, estaba vacío por completo...

Dos encuentros (segunda parte)
El Cuento de Siläe
Memorias Olvidadas
Darka Treake

28 de octubre de 2007

Décimo tercera planta. 06.28 horas.

Alguien golpeó a la puerta con fuerza, y el gran brujo se estremeció sobre su asiento. Estaba escribiendo notas a partir de varios tomos enormes, que reposaban sobre su mesa. Muy despacio, alargó el brazo y cogió su máscara. Una vez se la hubo puesto, giró su asiento, en forma de un pequeño trono, y habló.

- Adelante.- Al abrirse la puerta, apareció el tremendo orco. Se le veía fatigado al subir la escalera de caracol.

- Maestro, ha llegado el Legado de Ssuhl, el Dios Muerto. Es un necrófago... Se hace llamar Scróplo. Y está sólo.- Puntualizó.

- Muy bien.- Contestó el brujo bajo su máscara grotesca.- Recíbele tú,- Añadió mirando al demonio que llevaba encadenado el orco al brazo.- y causa buena impresión, que te conozco... Asegurate que le llevan a su aposentos. Y quiero a cuatro de tus mejores guerreros pegado a él desde que salga de ellos hasta que vuelva entrar.

- Sí, Maestro.- Y asintió muy serio.

- Dile que descanse tras el viaje. Dile que aun faltan invitados por llegar, así que puede tomarse su tiempo... Yo me echaré un rato, necesito descansar también. Tomar fuerzas... Se acerca el gran momento, y esto debe salir bien.- Calló un segundo.- Quiero que estés pendiente de todo. No quiero que nada salga mal.

- Sí, Maestro.- Su gutural voz ya se perdía en la escalera de caracol, cuando el gran brujo habló.

- L’Caor, obsérvalo. Quiero saber cómo es. No a menudo se recibe al emisario de un Gran Dios...



El emisario de un Gran Dios
El Cuento de Siläe
Memorias Olvidadas
Darka Treake

24 de octubre de 2007

Afueras de Teth Nolin. 06.07 horas.

La noche estaba tranquila. La alta torre se erguía impaciente, expectante de lo que ocurría en su interior, de lo que estaba a punto de ocurrir... Mucha gente quería estar presente y ver llegar a la Llorona, cerciorarse de que aquel momento sería un punto de inflexión en la historia, un cambio con grandiosas consecuencias para todos... Pero no todos los invitados al acontecimiento habían llegado aun a Teth Nolin...

A lo lejos, hacia el sureste, se observó una nube de polvo que avanzaba hacia la torre, levantada por los cascos de algún animal de tiro que corría a toda prisa. Un tremendo carro negro, tirado por dos caballos enormes, cruzaba el desierto, apurado, sabiendo que casi llegaba tarde a la cita. Nada más, un carro solitario del que colgaban bailando al viento unas cortinas oscuras como la misma noche, de la más fina seda, impenetrables. Al galope, era muy majestuoso, pero el cochero, vestido con una túnica y sin rostro, le daba a la imagen un aspecto tenebroso, fantasmagórico.
Tantas millas había recorrido el carro tirado por los grandes caballos, sin descanso en su premura, por no faltar al evento... Una vez cruzadas las Montañas del Anochecer, el cochero había seguido la luz centelleante que desprendía la torre. Teth Nolin, la guarida de la Llorona... La profecía podría ser cierta.



Fragmento extraído de Scropolo, el necrófago
El Cuento de Siläe

Memorias Olvidadas
Darka Treake

24 de septiembre de 2007

. Ulara, la Llorona .

Este es un cuentito que escribí hace tiempo,
y que tenía guardado en uno de mis cuadernos.
En aquel momento fue escrito para Siläe, pero jamás llegué a enseñárselo.
Ahora lo recupero aquí, con la intención de retomar este cuento que me encanta...


Muchas son las cosas que se oyen por ahí, las malas lenguas y los susurros en la oscuridad. La mayoría son habladurías, cuentos para asustar, así los llaman. Pero otras no. Otras podrían ser hechos ocurridos aunque ya olvidados en la historia... Lo que aquí se cuenta, lo que se va a narrar, puede ser interpretado como sólo un cuento popular más, o puede ser que todo lo que cuenta en realidad ocurriera. Sea como fuere, estos hechos hablan de la historia de Ulara, la Llorona. Ella fue un personaje que cambiaría la historia de todo un mundo...

Lo que voy a contar sobre Ulara comienza mucho antes de su nacimiento, incluso antes de la llegada de los mortales al Mundo. Todo se remonta a la era en que los dioses habitaban en el mundo, cuando, tras su cruentas guerras, uno de ellos, uno de los más poderosos dioses, abandonó el mundo dejando en éste a sus siete hijos. Todo esto se cuenta en las epopeyas clásicas, según cuentan, Ulara sería uno de estos siete hijos de aquel poderoso Dios. Ella llegó al mundo con la forma de un demonio, como hicieron sus seis hermanos, con un fin premeditado, juntos debían arrasar el Mundo... De los siete demonios, los Resentidos los llamaban, Ulara fue la primera en nacer en el Mundo, mucho tiempo antes que los demás. Los calendarios anotarían más de dos mil quinientos años entre su nacimiento y el del resto de los Resentidos.

Como decíamos, Ulara fue uno de estos demonios que fueron invocados en el Mundo. Esto tuvo lugar durante la Batalla de Teth Nolin, una alta torre blanca que se yergue perdida en la inmensidad de un árido desierto donde siempre es de noche. En aquella batalla se vio inmiscuida una bonita muchacha llamada Siläe, y con ella, muchos otros que entrarían a formar parte de la historia en su cuento, el que lleva su nombre. Al parecer, una antigua leyenda de la época decía que sería traída al Mundo a la Llorona, y que sería ella precisamente quien la traería... Bajo aquellas estrellas de la eterna noche, escondida en el interior de la esbelta torre, nació Ulara. a partir de un sueño que tuvo aquella muchacha encerrada.

Desde aquel momento poco se supo de Ulara, hasta todo aquel tiempo después, cuando nacieron el resto de los Resentidos y comenzara la gran guerra, la llamada Guerra de la Roca, donde Ulara sería traicionada y derrotada. Uno de sus hermanos, el que lleva el nombre de Golöel, la traicionó enfrentándose a ella. Al ser derrotada y a punto de ser expulsada del Mundo, su hermano la personó, de manera que ya sin vida vago por el Mundo en la forma de un fantasma, del que dijeron, los que cuentan habérsela encontrado, que siempre lloraba... Ulara, la Llorona, permaneció en el Mundo ya hasta el fin de los tiempos, vagando perdida y desorientada. De ella dirían que estaba hecha de la tristeza pura de un Dios, y así quedó al final, sumida en su tristeza...

El Cuento de Siläe
7 de marzo de 2005
Darka Treake



P.S. Este cuento sigue siendo para ti... Aunque llegue con más de dos años de retraso... va?

12 de mayo de 2007

Primera Planta. 05.51 horas.

Sofio y el príncipe elfo se habían separado de los demás, y paseaban juntos entre dos estanterías de todas las que había en aquella tremenda biblioteca. Ambas estaban repletas de gruesos libros y montones de manuscritos apiñados. Era alucinante... Cada estantería se elevaba en pisos que almacenaban libros y libros, hasta llegar al techo. Había sido imposible contar todos los que había... Caminaron anonadados, separándose de los otros, sin terminar de comprender todo aquello.

- ¿Tú qué piensas?- Le dijo el elfo.
- No lo sé...- Contestó el sin dejar de mirar a todos lados.
- Es que no tiene sentido. Piénsalo. ¿Dónde demonios estamos?
- Claro que lo pienso, Ïlandil. ¿Qué hace esta biblioteca aquí? Tanta sabiduría, tantos libros... No pensé que pudiera existir un lugar así... Es increíble.
- ¿Te preguntas qué hace esta biblioteca aquí?- El elfo suspiró por lo bajo.- Yo me pregunto dónde estamos realmente. No es la biblioteca, es todo este lugar. Esta torre, en medio de la nada. ¿Cómo iba a estar ella aquí? Y lo más importante...¿Por qué? ¿Quién la ha traído aquí?

Sofio lo miró, comprendiendo su pena. Ese elfo debía estar realmente enamorado de ella. La carta que encontraron en los aposentos de Siläe, sus encuentros, todo era cierto.- Ïlandil, ¿Os escribíais Siläe y tú?
- Sí.- Dijo él desviando la mirada.- Estábamos prometidos. Pero... Sabíamos que no debíamos, pero... Hay veces, Sofio, que no puedes decidir sobre ti mismo, ¿entiendes?- Sofio asintió.- Y mira hasta dónde he venido a buscarla... Comprendo que Gelghar no esté de acuerdo. Mi familia tampoco lo está, pero eso ahora no importa. Pienso encontrarla, donde esté, es que no importa nada más.
- Yo voy a ayudarte.- Dijo Sofio después de un momento.- Sé que ella está aquí. He visto este lugar en mis sueños....- El adivino le puso una mano en el hombro al elfo, apreciando lo alto que era.- Y vamos a encontrarla. Sé que vamos a encontrarla.

Entonces, a través de su mano, sintió al elfo estremecerse, y en ese momento, en otro lado de la gran estancia, se escuchó un gran ruido, miles de murmullos revoloteando...


Memorias Olvidadas
Darka Treake

2 de abril de 2007

Primera Planta. 05.45 horas.

Hacía mucho que no escribía nada del Cuento de Siläe, y ya me estaba preocupando. Pero bueno, al fin me ha salido algo...
No me gustarñía dejar este cuento inacabado...
Al acecho...

La elfa caminaba extremadamente despacio por el pasillo, apoyándose en su báculo, gracias al cual veía en aquella irremediable oscuridad. Trataba de no hacer una pizca de ruido, iba siguiéndolos, y no pensaba dejar que la descubrieran al acecho... No sabía cómo iba a reaccionar ese elfo, podía resultar muy peligroso, y su espada debía estar bien afilada. No, no iba a dejarlos que la descubrieran.
La Dama Negra llegó a la puerta que daba a la habitación anterior a donde estaban ellos. Podrían escucharla en cualquier momento, o dar la vuelta... Fue prudente, y quedó escuchando tras la puerta entornada. Escuchó alguna voz, un murmullo, y al poco, un muro moverse... ¿A dónde debía llevar el pasadizo que acababan de encontrar? La dama negra trató de recordar... Ella conocía aquella torre bien, demasiado bien... Tal vez podría llevar a la gran biblioteca de los aprendices. Cuántas horas pasó ella allí....
Ya no oía nada. Al cabo de un momento, empujó la perta despacio, y la insignificante luz de su báculo bañó la habitación rectangular y vacía. Ellos debían haber ido por la puerta que había frente a ella. Allí fue. Al otro lado, silencio. No había nadie, aunque... ¿Qué era ese ruido? Era como un barullo incesante, un fino sonido desesperado. Abrió la puerta.
Se encontró entonces en una pequeña habitación cuadrada, en cuyo centro, ocupándolo casi todo, una enorme jaula de donde provenía aquel barullo, ahora casi ensordecedor. Era impresionante. La jaula estaba completamente llena de mariposas, miles y miles, y todas revoloteaban como desesperadas. A su izquierda, el muro donde ello debían haber ido, pues no había otra salida. Y sí, allí estaba la gran biblioteca, y ellos en ella.



Extraído del capítulo XV del Cuento de Siläe.
Memorias olvidadas
Darka Treake

11 de febrero de 2007

Primera planta. 05.39 horas.

Aquí os presento la segunda parte de ese capítulo doble del Cuento de Siläe. Su nombre es La Jaula de Mariposas, y es la continuación de El caballero elfo errante.

- ¿Quiénes sois? Decidme.- Dijo el elfo muy serio, rápido y con ese acento particular. Miraba fijamente a Agenon, una mirada agresiva, como con cuatro ojos, los suyos, y sus espadas afiladas.
- Nos conocemos, Majestad.- Dijo Sofio desde atrás de Agenon. Venimos de Düredar...
La mirada del elfo, al escuchar ese nombre, cambio de repente. Sus músculos se relajaron, pero sólo por un segundo.
- ¿De Düredar? ¿Y qué hacéis aquí?
- Estamos buscando lo mismo que tú, Majestad.
Agenon, en eso, muy ágil, interpuso su espada a las dos adversarias y las desvió hacia la pared. El elfo, desprevenido, recibió un codazo y su cabeza chocó contra la pared del pasillo.
- Dime quién eres.- Dijo Agenon muy cerca de su rostro.
Aladär, por detrás acudió en seguida, apartando a Agenon, que se resitió.- Es el Príncipe Ïlandil, de Loth-Darien. Suéltalo.
Al obedecer Agenon, el elfo asintió, mirándolo muy fijamente.- Hola Aladär. Me alegro de verte aquí.- Pasó de largo a Agenon, entrando en la habitación.- ¿Qué hacéis en este remoto lugar?
- Venimos a por ella. Tiene que estar aquí.
- Hola Sofio...- Le respondió el elfo.- Sí, está aquí.
- Lo sé, nos lo ha dicho uno ahí abajo.
- ¿Ahí abajo? ¿Quién?
- No sabemos, estaba tras una puerta, encerrado en una celda.
El elfo pateó el suelo.
- Bueno, no importa. Siläe está aquí, y parece que estamos juntos en esto. ¿Sólo sois cuatro hombres?
- Sí... Los otros cayeron. Salimos diez de Düredar, y ya sólo quedamos cuatro. Él es Eledar y... Agenon, que ya lo conoces.
El elfo sonrió.- Hola a todos, me alegro de encontraros.- Miró tras de sí a Agenon, y le tendió una mano. Éste se la estrecho.
- Lo siento, Majestad. No sabía... Yo también me alegro de contar contigo en esto.



Extraído de La Jaula de Mariposas, El Cuento de Siläe
Memorias Olvidadas
Darka Treake
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22 de enero de 2007

El Cuentacuentos: Al cerrar los ojos, despertó.

Al cerrar los ojos, despertó. Estaba en otro sitio diferente, muy muy lejos del lugar donde realmente estaba, dormida. Era un bosque, ella estaba entre los árboles, y no veía por ningún lugar aquella maldita torre. Por fin... Qué tranquila se sintió Siläe entonces.

Era como una verde pradera, plagada de árboles, y por todos lados crecían hermosas florecillas. Ella estaba a la sombra, pero allá arriba lucía un sol... Un sol que no veía desde hacía meses...
Eso le hizo agitarse un poco, fue como un escalofrío, uno de esos espasmos que te dan cuando algo del sueño está a punto de hacerte despertar, pero que lo evitas, sin querer marcharte de él. De su tranquilidad...

El bosque que la rodeaba era muy hermoso, y sabía que ya antes había estado en él. No sabía dónde era, no tenía ni idea, pero lo conocía. Como un recuerdo de la infancia, una de esas cosas que cuando está pasando no te das cuenta, y crees que la olvidarás, pero luego resulta que no... Que de pronto un día te acuerdas, y revives todo. Como en ese momento le estaba pasando a Siläe.

Le vino un aroma con la brisa, y aspiró hondo, todo lo hondo que pudo, hasta hinchar los pulmones. Sí, ella ya había estado ahí. Ese bosque le era familiar. Ese olor... Tenía que ser suyo. Sí, tenía que ser de él. ¿Dónde estaría? Miró a su alrededor, pero no había nadie entre los árboles. Se puso de pie, pues hasta ahora estaba derrodillas, y se apoyó junto al tronco de un árbol muy grueso. Éste subía y subía sobre su cabeza a una altura increíble, donde abría su gran copa hacia el sol radiante...

Siläe lo miró ocultándose entre las ramas de allá arriba. Hacía tantísimo tiempo que no lo veía... ¿Por qué se sentía así, como si echase de menos al sol? De nuevo ese escalofrío...

Dio unos pocos pasos, hasta quedar ahí de pie, aun a la sombra, y continuó sin ver a nadie. Pobre Siläe, seguía sola, aunque... Ahora era libre. Ya no la tenían presa, ya no harían nada malo con ella... Y al darse cuenta echó a correr por el bosque, sorteando los árboles y saltando arbustos. Trató de no pisar ninguna de las florecillas, y corrió y corrió durante un buen rato. Hasta que se dio cuenta de que corría sola.

Entonces Siläe cayó de rodillas, y se apoyó con las manos sobre las hiervas del suelo. Estuvo apunto de llorar en ese momento, pero no lo hizo. No. Se levantó, y miró al cielo, y allí vio al sol, que ya no se ocultaba tras lo árboles. Qué brillante...


Siläe, al abrir los ojos, despertó. Todo estaba a oscuras. Seguía en aquella celda, sobre su cama roñosa, en lo alto de aquella maldita torre, en aquel lugar donde siempre era de noche.
Y estaba sola...


Para Siläe...


Al cerrar los ojos, despertó.
El Cuento de Siläe
Memorias Olvidadas
Darka Treake



Más despertares en El Cuentacuentos.

21 de enero de 2007

Planta baja. 05.33 horas.

Este capítulo del Cuento de Siläe, es la primera parte de un capítulo doble, el que sigue. Por título, éste lleva El caballero elfo errante, que junto al siguiente, que se llamará La jaula de las mariposas, forman el capítulo doble.
Además, este capítulo doble lleva por nombre La Primera Planta.

Aquí os dejo un adelanto de esta primera parte:
El caballero elfo errante



Agenon, obedeciendo, agradecido al contradecir a Eledar, tomó los dos pomos y abrió con fuerza. Al otro lado había un tremendo salón, que debía hacer las veces de recibidor. Era enorme, y tan sólo tenía dos puertas, en la misma pared que por donde ellos entraban, una a cada lado... Él entró primero, tras él Aladär y Sofio, y cuando Eledar estaba entrando resignado en el salón, la puerta a su derecha se abrió de golpe. ¡Alguien aparecía!

La puerta golpeó la pared con fuerza al abrirse del todo, y corriendo entró un hobgoblin. El humanoide verde llevaba una espada extremadamente curva en una mano, mientras la otra la llevaba tapándose una herida, que chorreaba a borbotones. Casi sin querer ninguno, se vieron frente a frente el hobgoblin y Agenon, que desenfundó su espada muy rápido, mientras lo esquivaba. El hobgoblin corrió blandiendo su arma cruva, pero Agenon se apartó tan rápido, que lo pasó de largo. Los dos se detuvieron, y se miraron. Fue un segundo. O atacas tú, o ataco yo. Uno de los dos va a morir. Aquí y ahora.

Fue rápido, muy rápido. Los dos se lanzaron el uno a por el otro, y de la misma manera que antes, el hobgoblin lo pasó de largo al esquivarlo Agenon, sólo que en el ágil movimiento le había clavado la espada en el abdomen. Un corte profundo y certero, limpio.

Los dos se separaron otra vez. Todo quedó en silencio. Uno de espaldas al otro, con Aladär, Sofio y Eledar mirando, y al cabo de un segundo exacto, por la comisura del labio verdoso y asqueroso del hobgoblin cayó una gota de su sangre negra. Primero se arrodilló, luego el estruendo de su espada al caer, para después desplomarse en el suelo, muerto...






Extraído de El caballero elfo errante
El Cuento de Siläe

Memorias Olvidadas
Darka Treake
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16 de enero de 2007

Juntos.

Hoy me han dicho que te has ido. ¿Por qué? Que estás en el norte, donde siempre es de noche... No entiendo por qué te has ido. En todo caso yo te buscaré, iré hasta allí donde estés. Pienso encontrarte. No me importa cómo sea ese lugar, me da igual. Dicen que poco más allá de donde estás, acaba el mundo. Y sea así o no, pienso llegar hasta allí. Te lo prometo. Yo sé que algún día volveremos a estar juntos, a pesar de lo que ahora nos separa. Y si tengo que cruzar este mundo para encontrarte, lo haré sin dudarlo. Recorreré cuantos caminos nos separen, subiré y después bajaré cuantas montañas nos oculten al uno del otro, y si estás en aquel inmensísimo desierto, no importa, en serio, no importa, te encontraré. Voy a llegar hasta allí, y volveremos juntos a escondernos entre los árboles, donde nadie ya jamás nos volverá a encontrar. Estoy seguro de que ya lo presientes, que me acerco, cada vez más deprisa... Y es que voy de camino, espérame, haz lo que sea, resiste, que yo te encontraré. Créeme. Aquí estaremos tan bien, yo cuidaré de ti. Cada vez queda menos tiempo para ese momento. Tú aguanta lo que puedas, pronto estaré ahí, contigo, juntos. Juntos.



Juntos
El Cuento de Siläe
Memorias Olvidadas
Darka Treake

10 de enero de 2007

Décimo tercera planta. 05.32 horas.

(...) Aun recordaba el día en que llegó a aquella torre. Aquella vez, la roca no brillaba, pero estaba donde le habían dicho que estaría, ahí solitaria en medio del desierto. Y él llegaba para cumplir su único destino. De joven, había escuchado una leyenda, sobre un terrible mal que se desataría pronto. Cuando él lo escuchó, había muchos escépticos, pero él, obsesionado con aquella leyenda, se dedicó a investigarla. Entonces descubrió que había toda una religión que seguía ese credo, había mucha gente que creía que algún día llegaría un emisario de su dios, al mundo, y que los haría tremendamente poderosos. Por aquel tiempo, muchos los consideraron una secta de fanáticos, pero él supo que todo era cierto. Iba a venir un emisario.


Extraído de Azarus, el Gran Brujo, capítulo XII del Cuento de Siläe
Memorias Olvidadas
Darka Treake

4 de enero de 2007

Catacumbas. 05.26 horas.

La Dama Negra abrió los ojos y no vio nada. Todo oscuro. ¿Dónde estaba? Ni siquiera con su vista nocturna podía ver en aquella impenetrable luz. Debía estar encerrada en algún sitio. Sí... De pronto le vino todo a la cabeza. Sí, la tenían encerrada.
- Maldito Adar...
Sus palabras sonaron por la pequeña celda, con rabia, aunque, en su melodiosa lengua elfa, parecieron un susurro inaudible. El gran brujo debía haberla encerrado ahí. A saber dónde estaba... En alguna celda en algún lugar de la torre... Era de locos...


Se enderezó llevándose la mano a la cabeza. Le dolía. ¿Cuánto tiempo llevaría ahí? Todo a su alrededor, y no había nada. Se acarició la túnica y sintió levemente las manchas de sangre... Y al recordarlo, apartó las yemas de los dedos. Entonces se llevó la mano a los ojos, y los frotó, casi haciéndose daño. Tenía que ver... Sólo bastaba acostumbrarse a tal oscuridad. Con su vista nocturna, adaptada a la noche, podía ver perfectamente bajo la luz de las estrellas, pero ahí dentro... Le costaba más.
Se puso de pie, y desorientada, caminó despacio hasta la pared más cercana, y casi se cae cuando se encuentra con la puerta, cuyo barrotes cedieron al apoyarse. La celda estaba abierta...


Dio varios pasos, y sintió llegar a un pasillo. Sí, estaba en un pasillo. Era muy angosto, y corría en dos direcciones. La elfa estaba completamente desorientada, del todo. ¿Y ahora, hacia dónde iba a ir? Entonces escuchó el grito.

- ¿Creéis que podréis escapar con vida de aquí? ¿De verdad? Yo creo que estáis locos... Habéis entrado en el infierno. Como bien habéis dicho éste es el final del mundo. Donde todo termina...- Había sido una voz ahogada, a lo lejos. Un grito limpio y claro en la distancia de aquel laberinto.- Y no podréis hacer nada por evitarlo.- Terminó pasado un solo segundo.


Extraído de La cleda abierta, capítulo XI del Cuento de Siläe.
Memorias Olvidadas
Darka Treake

2 de enero de 2007

Planta baja. 05.19 horas.

- ¿Habéis oído eso? Ha sido un grito.- Aladär habló en voz baja, deteniéndose en seco y cogiendo a Agenon que caminaba por delante. Estaban en un largo pasillo, con varias puertas a sus lados, y habían decido no entrar en ninguna, a ver hasta dónde llegaban... Habían ido caminando en silencio, tratando de compartir la luz de una vela en aquel pasillo, hasta girar una esquina a su izquierda. Pero ahora estaban ahí quietos. Escuchando.

- Otra vez, ¿no lo oís?- Volvió a decir.
Silencio.
- Sí, ahora yo lo he oído.- Agenon avanzó hasta una puerta, a su derecha.- Ha venido de aquí.- Se detuvo y escuchó. Ahora lo oía mejor. De dentro, como ahogados, provenían los gritos de un hombre, y los golpes que éste propinaba contra la madera de una puerta. O a eso sonaban desde ahí...
Todos se apelotonaron, con cuidado, a escuchar.

- ¿Qué hacemos?- Era Sofio.- ¿Entramos?
- Sí, entremos, es un hombre, y necesita ayuda.- Agenon habló en voz baja, pero mirándolos.- Más atrás hemos encontrado celdas, puede que continuaran y al otro lado sea una especie de prisión. Y si es alguien a quien esos hobgoblins han encerrado, yo pienso ayudarlo.
Los demás asintieron, desenfundando, y éste abrió la puerta.

Al otro lado no había nadie. Tan sólo una habitación vacía. No había nado salvo tres puertas, una a cada lado, adornadas por una arcada de entrada, y otra al frente, de madera y cerrada. Los gritos, que no habían cesado, provenían de la arcada de la izquierda, y sin dudar, Agenon se dirigió hacia allí. Conducía a un pasillo no muy largo, con dos puertas hechas de barrotes a cada lado, y otra al final, ésta de madera y también cerrada. Fueron avanzando hacia ella, a través del pasillo y observando las celdas a los lados vacías. Hasta que llegaron, en completo silencio por su parte, hasta la puerta.

Alguien había al otro lado, que estaba gritando desconsolado y dando golpes a la puerta, fuertes golpes. Ésta era de madera maciza y robusta, y no tenía pomo. Tan sólo tenía una cerradura que, a diferencia de las del resto, Agenon apreció un extraño símbolo. Aparecía dibujado en un relieve de la cerradura, y tomaba la forma de una especie de tridente deforme.




- ¿Qué hacemos ahora?- Dijo Sofio desde atrás, en voz baja.
- Saquémoslo.- Le respondió Eledar.
- Espera, ¿qué supondría sacarlo? Puede que esté loco...
- ¿Y eso te da miedo, Sofio?- Dijo Agenon, sonriendo.
- Puede también que sepa decirnos qué demonios hace esta torre aquí.- Aladär sentenció con eso, y Agenon, obedeciendo, empujó la puerta.


Al otro lado, sintiendo su presencia, aquel hombre se calló y dejó de dar golpes. El pasillo quedó en completo silencio.

* * *

A sus palabras, en silencio, los cuatro se pusieron en marcha, aunque la voz al otro lado de la puerta sonó fuerte.
- ¿Creéis que podréis escapar con vida de aquí? ¿De verdad? Yo creo que estáis locos... Habéis entrado en el infierno. Como bien habéis dicho éste es el final del mundo. Donde todo termina...- Calló un segundo, aunque no importó, los cuatro valientes ya se habían marchado de aquel pasillo con celdas.- Y no podréis hacer nada por evitarlo.





Extraído del capítulo X del Cuento de Siläe: La Llave de Leviassan.
Nota: Este capítulo en realidad comienza en la Segunda Planta, a las 05.14 horas, pero más tarde la narración llega hasta este momento, pedacito que he decidido dejaros aquí como adelanto.
Además, he añadido el final del capítulo, porque me encanta...
Espero que os guste.

Memorias Olvidadas
Darka Treake
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23 de diciembre de 2006

Planta baja. 05.13 horas.

Las entrañas de Teth Nolin


- ¿Estáis seguros de querer entrar aquí?- Dijo Eledar aun desde el umbral, a las puertas de ese oscuro pasillo abovedado.
- ¿Qué hacemos sino? ¿Esperar a que nos reciban?- Agenon habló desde el interior, sin siquiera mirarlo. Caminaba despacio, y era el que estaba más adentro, a la altura de la primera puerta, a la derecha.- Aquí no vive nadie...
Tras él iba Aladär, y después Sofio.
- Sí, es aquí.- Respondió el tercero, seguro de lo que decía.- Haya alguien o no, sé que es aquí.

Ninguno se atrevió a responderle, y Eledar, resignado, entró en la inmensa torre. El pasillo cada vez estaba más oscuro, tan sólo llevaban por luz una vela de las que habían encontrado en el caballo. Agenon se acercó a la puerta, para escuchar, pero no oyó nada. Los otros tres lo alcanzaron, y Aladär habló susurrando.
- A ver... Cuatro puertas. ¿Vamos a entrar por la primera? Aquella es más grande.- Esto último lo dijo señalando, aunque su dedo casi no se veía entre la penumbra.
- Yo probaría por esta... ¿Por qué no?- Agenon seguía a la escucha. Pero nada.
- Bien, pues abre, ¿o piensas llamar?- Dijo sonriendo Eledar.
Y Agenon, con desdén, lo miró muy serio y llevó la mano al pomo de la puerta, y la abrió de golpe. La madera chocó contra la pared de piedra, descubriendo otro pasillo, aunque más estrecho. Totalmente oscuro...
Agenon le quitó la vela a Aladär, y entró. Aun miraba fijamente a Eledar, desafiante. Una vez dentro, se iluminó pronto, no era más que un pasillo de unos cinco metros que, de nuevo acababa en otra puerta. Aunque éste, a cada lado, tenía dos entradas, hechas de barrotes de acero. Eran celdas... Cada puerta tenía una buena cerradura que impedía su paso.
Agenon, sin mirar a sus compañeros, avanzó hacia la puerta de salida, al otro lado, echando un vistazo en cada celda. Estaban vacías.
Al llegar a la otra puerta, paró a escuchar. Silencio...
- ¿Estáis listos? No sabemos qué nos podemos encontrar al otro lado...-Su voz sonó baja, pero firme.
- Lo estamos.- Respondió Aladär, y a esas dos palabras le acompañaron el lento chirriar de las espadas al desenvainarse. Agenon abrió la puerta, con espada en mano, y al ver lo que había en aquella habitación, se detuvo en seco, sin dejar pasar a los demás...



Extraído de Las entrañas de Teth Nolin, capítulo IX del Cuento de Siläe
Memorias Olvidadas
Darka Treake
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20 de diciembre de 2006

La criatura grotesca y rosa


El tremendo orco quedó agachado y escuchando tras la puerta, a la espera. Su gran equipo de batalla tintineaba con el chocar de las placas y armas, y sobre su brazo, un diminuto demonio de color rosa, de una forma grotesca y colmillos afilados, se mantenía muy quieto...

* * *


- Sí, maestro. Todo bien, como siempre. Ya lo tiene.- La voz gutural del orco sonó grotesca en los aposentos del brujo, y sintió como la criatura rosa que se le agarraba al brazo se estremecía. Hasta ella le tenía miedo...
* * *

L’Caor asintió, y caminó hacia atrás hasta llegar a la puerta. La abrió, y salió de aquellos aposentos, a donde odiaba ir. Ya más aliviado, se ajustó su tremenda espada al cinto, y acarició a esa bestia diminuta que le rodeaba el brazo. Entonces, bajó las escaleras, hacia el nivel inferior...


El capítulo VIII del Cuento de Siläe, El tremendo orco, ha cambiado. Con ello, comienzo el Glosario de personajes, con éste mismo, con L'Caor, hablándoos de él y de esa criatura grotesca y de color rosa...

Podéis verlo aquí: Glosario de personajes del Cuento de Siläe.



Además, quería añadir algo, que por otro lado, no tiene nada que ver.
¿Quién se acuerda de aquella serie de dubujos, Transfomers?
Eran vehículos que se transformaban en robots, ¿Sí?

Pues en abril llega la película.


Para más información, aquí: Trasnformers.

16 de diciembre de 2006

Glosario de personajes del Cuento de Siläe.

Última actualización: 25 de octubre de 2007.


He aquí el Glosario de personajes del Cuento de Siläe.
En el se os hablará a cerca de todos los personajes del cuento.
De momento, tan sólo os nombraré aquellos que ya han aparecido en la historia...

Gelghar, el padre de Siläe.

Elëda, la madre de Siläe.

Aladär, el primer oficial de Gelghar. Uno de los diez más valientes de Düredar.

Sofio, el adivino y amigo de Gelghar. Uno de los diez más valientes de Düredar.

Uüran, el que muerde. Uno de los diez más valientes de Düredar.

Iente, el Hilite. Uno de los diez más valientes de Düredar.

Assan, el que pasó su última noche en la ciudad festejando que se marchaba... Uno de los diez más valientes de Düredar.

Ërathar, el pretendiente de Siläe. Uno de los diez más valientes de Düredar.

Ëlar, el abuelo de Eledar.

Eledar, uno de los diez más valientes de Düredar.

Agenon, el traidor. Uno de los diez más valientes de Düredar.

Lagar, el Señor de los Üdos. Uno de los diez más valientes de Düredar.

Gledor, el preso liberado. Uno de los diez más valientes de Düredar.


La dama negra.


Fillan, el cuidador del bosque de Benelia, Loth-Darien.

La Reina del bosque de Loth-Darien.

Ïlandir, Príncipe de Loth-Darien.


Azarus, gran brujo de Teth Nolin.

Miär, el loco. Uno de los aprendices de Azarus, gran brujo de Teth Nolin.

L'Caor, es un tremendo orco que sirve al Gran Brujo de Teth Nolin, es, de hecho, su primer oficial. Es un orco negro muy corpulento, que sobrepasa la talla normal para un orco, incluso para los de su especie. Por ello, es temido por todos, y está al mando del ejército. Con él siempre va una criatura horrenda. Un pequeño demonio que siempre lleva encadenado a su muñeca izquierda. Es un ser malévolo y horripilante, que siempre tiene ansias de matar y devorar. Es totalmente sumiso a L'Caor, y le ayuda en el combate, pues es un fiero guerrero. El pequeño demonio es rosa y grotesco, bien feo y con los dientes afilados. Fue un regalo de Azarus, su maestro.

Leviassan, Gran Jefe hobgoblin de Teth Nolin. Tiene la Llave de su propia celda.

Scropolo, el necrófago, el enviado de Ssuhl, el Dios Muerto. Un invitado de Azarus al acontecimiento.

Siläe, la doncella de Düredar...



A cerca del Cuento de Siläe, también puedes ver:

Breves notas del autor...

Voy a hablaros de los personajes del Cuento de Siläe. Son muchos y muy variados, y para que podáis seguir la historia y, sinceramente, para mí también, voy a ir haciendo un Glosario en este mismo blog, donde os hablaré de todos ellos.
Este glosario estará incluso en el mismo cuento el día lejano en que tome su forma en papel. Será un apéndice al final del cuento.

Ya he hablado de algunos, y con ellos empezaré este glosario. Pero iré añadiendo más a medida que vayan apareciendo, de manera que iré modificando ese post. Podréis ver que ha sido actualizado en la fecha que aparecerá junto a su link, en el índice de vuestra derecha.

Me temo que con este glosario de personajes corremos el riesgo de revelaros información acerca de los personajes antes de que debáis saberla por la historia. Lo siento. En realidad, este glosario sirve de apoyo a la historia, como digo estaría al final del cuento, así el lector podría consultarlo cuando quisiese, aun corriendo este riesgo...

De momento comenzaré con los personajes de los que ya os he hablado, pero hay muchos más, que aun no concéis. Todos aquellos que los cuatro más valientes de Düredar se encontrarán en su búsqueda de Siläe, que ya los ha llevado a la Torre de Teth Nolin... Todos ellos están aun en mi cabeza o en mis notas, pero pronto irán surgiendo...

Además, me gustaría añadir aquí, que este cuento va a ser contado en tiempo real. La Primera Parte ya está escrita, y ahora estoy con la Segunda. Desde la llegada de los más valientes de Düredar a la Torre de Teht Nolin en adelante, será contado indicando el lugar y el momento precisos cuando comienza la escena. Para que se entienda bien, el capítulo VIII, El tremendo orco, comienza en la décimo cuarta planta, a las 04.58 horas.

En cuanto al tiempo, nunca se llegó a saber con exactitud cuando transcurrió este cuento. Se situa la llegada de esos cuatro valientes a Teth Nolin en algún momento del año -1253.
Siendo así, os lo contaré todo, como ocurrió, indicando la hora que era en ese momento, como ese capítulo, a las 04.58.
Lo de indicaros la hora es sólo una manera de guiarnos, y situarnos en el tiempo. Teniendo en cuenta eso, el lector debe saber que la Torre de Teth Nolin está en los Páramos de las Estrellas, el extenso desierto en que siempre es de noche.

Sí, durante todo el cuento, es de noche.
Imaginémosnos allí, explorando una torre perdida en el desierto, completamente a oscuras las 24 horas del día.
Era una torre sin ventanas... ¡Ahí dentro no podían ver nada!


Bueno, hasta aquí un poco de explicación del cuento.
A continuación, os presento algunos enlaces sobre el Cuento de Siläe:

- Glosario de personajes del Cuento de Siläe.
- El Cuento de Siläe.
- Las Guerras de la Luna. Para situarlo en los acontecimientos del tiempo.
- Novedades. Donde os voy mostrando las novedades del cuento.


Memorias Olvidadas
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