El gnomo sopló sobre su cabeza, y la flor de algodón flotó alejándose, mecida por su aliento. Estaba tumbado sobre el pasto, recostado donde nacía el tronco de su árbol, pensando en U. Se acercó la pipa a la boca, y una bocanada de humo ascendió haciendo espirales desde sus fosas nasales. Aquel lugar era su pequeño paraíso, su árbol. Teether era un gnomo muy peculiar. Le gustaba creer que cuidaba de las hadas y otras criaturas del bosque. A menudo se alejaba de su árbol, uno de los más especiales de aquel bosque, el árbol consciente más viejo de todas las Altas Ered-Ilais. Teether nació de la primera semilla que pudo germinar en el árbol. Cayó al suelo, sobre el pasto, y de ahí nació primero un tallito, y después una bonita flor. Era turquesa, y violácea, en una combinación de tonos preciosos. Cuando la flor brotó, de su capullo nació Teether, un gnomo diminuto que pronto aprendió cual era su tarea en esta vida: contar cuentos. El árbol consciente de Teether era tan especial porque sus hojas nacían blancas como papiros, con cuentos escritos. Palabras y palabras ordenadas, que contaban millares de historias. Y Teether era el gnomo que debía cuidarlas.
Hola!! Este es un fragmento extraído de capítulo III del cuento de La Sirada, titulado Teether, el gnomo amigo de U. Os lo dejo aquí para ver si os gusta, como muestrita de este cuento que estoy escribiendo. Hoy he subido al menos 9 capítulos, la verdad es que sin darme cuenta, llevo el cuento muy avanzado!!
Bueno, si alguien se anima a echarles un vistazo, que me dé su opinión! ¿Trato? Se pueden leer, aquí:
Con ello, poco a poco voy subiendo mis cuentos a la plataforma Bubok, con la intención de que cualquiera (y me incluyo) los tenga disponibles en formato papel, pues como sabéis, en formato ebook/PDF ya los teneis todos en mi página: www.modt.net.
Esta es la portada que hice:
La foto de portada la tomé la semana pasada, que estaban aquí mis padres, y dimos un paseo por el Parque Natural de Anaga, al norte de la isla de Tenerife. Me encanta este lugar, pensé que era una portunidad para sacar una buena foto para la portada de este cuento. Ésta en concreto es la que más me gustó de las que hice, tomada desde la playa de Almáciga, en dirección oeste, de toda la ínea de costa. ¿Qué os parece?
La contraportada es una aportación de una buena amiga. Es un retrato de Kalhia, Primera de Quivarén, uno de los personajes más relevantes y carismáticos del cuento, al menos hasta que se sumió en la locura del encierro... La hizo Cristina Puig en 2008, pues le encantó el cuento, y a mí el retrato de Kalhia!!! Es un honor para mí tenerla en la contraportada, aunque cierto es, que tambén está en el interior del cuento (aunque en la versión en papel de bubok será en blanco y negro, razón añadida para presentarlo en la portada).
Bueno, espero que os guste. Podéis encontrar la página del cuento en Bubok en el sguiente enlace:
Hola!! Hoy vengo a contaros un poco de mí, y de lo que ando haciendo, porque parece que estoy un poco desconectado de aquí, pero no es así. Cierto es que ando liado a nivel personal y académico-profesional, y eso me ha quitado tiempo, pero mi cabeza no deja de girar y girar con ideas del nuevo proyecto que tengo entre manos, y del que vengo a hablaros ahora.
Por un lado, anunciaros que el cuento de Lyda de Lis. Historia de una Estatua de Piedra. está casi terminado. Me quedan los últimos capítulos para darle fin, lo cual estoy deseando. Es más, estoy recibiendo muy buenas críticas del cuento, aunque todo deba decirse, aun hay que revisarlo y cambiar algunas cosillas que me cogean. Pero puedo decir que está casi terminado. ¡Llevo 2 años escribiéndolo!
Y el proyecto que venía a presentaros, y del que ya os había hablado, es La Sirada. Aun no tengo un nombre definitivo para el cuento, pero la verdad es que está realmente avanzado. Como podéis ver en su página, ya tengo la estructura del cuento, y ya he comenzado a escribirlo. Tengo varios capitulos ya terminados, a pesar de no haberlos subido. Ahora mismo estoy trabajando en el capítulo XV, del que os mostré un fragmento en la entrada anterior de este blog. No significa que haya escrito los catorce anteriores, ya sabéis que voy escribiendo así como me van viniendo. Tan pronto como pueda, actualizo la página de lcuento y subo los capítulos terminados.
Y bueno, en esto estoy trabajando actualmente. Este cuento que estoy empezando, en el que llevo pensando unos meses, me está encantando. Personajes, argumento, e importancia en Mi Mundo, todo. Y sé que lo escribiré muy rápido!! Al menos, de momento, para ser un cuento largo, va muy avanzado!
Un saludo a todos los que hayan caído por aquí y me hayan leido!! Darka.
El Príncipe Assul viró el timón unos grados ligeramente a babor, utilizando su única mano. La nave surcaba el océano calmado, y todo alrededor estaba a oscuras. Aquélla era una noche sin luna, y sólo las estrellas brillaban en el cielo. Ni una nube lo surcaba. Por las noches apagaban todas las luces a bordo, para evitar ser vistos desde lejos, así que todo estaba completamente a oscuras. Corría una leve brisa, suficiente para hinchar la mayor, y avanzar a sotavento, hacia un destino donde sabía que nadie lo encontraría. El rumbo estaba fijado por el sol durante el día, había que navegar hacia donde éste nacía, y por Uzkulac durante la noche, una constelación que los marineros conocían como el Triángulo de Verano, que siempre apuntaba al este. En aquella dirección, sin desviarse del grado exacto, se encontraba el Atolón.
Aquél era un puerto franco, al que piratas, corsarios y otra calaña acudía a repostar. No era más que un peñasco que sobresalía en la inmensidad del océano, solitario, y donde tras muchas generaciones de marineros, se había levantado todo un puerto. Las viviendas se amontonaban en la loma, los muelles crecían mar adentro, y en su cúspide, se elevaba un faro, que siempre alumbraba el camino. El Atolón era el punto más cercano de tierra conocida por el hombre a los Mares de Eldor, el Torturado, una masa de agua cubierta siempre por una tormenta inmóvil. La visión desde el puerto franco, decían, era asombrosa. Por el día, que solía lucir cálido y luminoso en aquella región del mundo, se alcanzaba a ver al noroeste la inmensa tormenta, que jamás cesaba. Y por la noche, desde los muelles, alcanzaban a verse los relámpagos, en continua explosión. Era una visión increíble, y Assul soñaba con verla. Había oído hablar mucho del Atolón, y siempre había querido ir, y aquél le había parecido el mejor lugar para esconderse de su padre.
Junto al timón, de donde nacían varios cabos que se elevaban hasta lo alto del mayor, donde unos hombres se apostaban, había un caballete que sostenía una jaula de pájaro. En su interior, U se sentaba sobre el columpio que debía estar sosteniendo a un ave, y no a una Sirada como ella. Aquello, hasta indignaba a la pequeña U, si al menos ella hubiera tenido alas para volar… Sus piernecitas colgaban desnudas desde el columpio, al que se agarraba con ambas manos. Su vestidito azul celeste se mecía con la brisa que movía la carabela, mientras observaba a Assul. No terminaba de comprender a aquel hombre. De hecho, no entendía a ninguno de ellos. Se peleaban por cosas absurdas como bellas flores, coronas negras o reinos, hasta el punto de que padre e hijo pudieran odiarse de tal modo. A ella le daba exactamente igual lo que hicieran con esa corona, que por muy radiante que dijeran que fuera, no era más que un trozo de metal negro y consumido.
Frente a la sirada, Assul miraba al cielo mientras sostenía el timón, sin moverlo un ápice. Ninguno de los hombres a bordo había ido jamás al Atolón, y el Príncipe se guiaba por aquella constelación, sin saber siquiera si existía realmente aquel lugar. Definitivamente, pensó U, aquél era el mejor lugar del mundo para esconder la corona. Por mucho que les persiguiera el Rey de Grrim, jamás daría con ellos en un lugar así. O eso esperaban ambos. Lo que U no sabía, era si quería ir hasta allí, y aun menos quedarse. El Príncipe Assul le había hablado del Atolón, y no le gustaba nada ese lugar. Un peñasco con cuatro casas en mitad de la nada...
Aquella noche la constelación de Uzkulac cruzó la bóveda del cielo, y al final nació el día, y después otro, y otro. Aquellos largos días, calurosos bajo el sol del océano, fueron interminables para U. Assul pasó el viaje obsesionado, aquella flor significaba todo para él, y la pequeña U no podía entender por qué. Siempre la trató bien, la llevaba consigo a todos lados, aunque siempre encerrada en su jaula de pajarillos, salvo una ocasión, que le permitió salir.
Las altas columnas del templo se elevaban sobre la cabeza del Gran Sacerdote de la Orden de los Sueños Brillantes mientras permanecía tumbado, bajo esa inmensidad de estrellas perfectas. Las flores de las calas, blancas como el mármol del templo, embriagaban con su perfume, bailando con los nenúfares de la charca que rodeaba el templo. En el Monte del Sueño siempre era de noche, siempre se apreciaban las estrellas, siempre brillaba la luna y las nubes nunca entorpecían su belleza. Desde que se levantó el templo en honor a Moulth, la Diosa de los Sueños, de la Noche, de su belleza, jamás se había encendido ninguna luz en el Monte del Sueño, pues la Diosa elfa lo iluminaba desde él cielo nocturno. Luz-Culac lo habían llamado los primeros elfos, y así se conocía en todo Eleanor, aunque pocos conocían su paradero exacto, ni el significado de su nombre. Algunos filólogos y estudiosos, habían especulado traduciéndolo como: la Luz de la Noche, pero, nadie lo sabía a ciencia cierta, pues solo se relataba en las altas bibliotecas del templo, y nadie salvo los sacerdotes de la Orden de los Sueños Brillantes tenían acceso a ellas. Luz-Culac era el mayor templo dedicado a Moulth en todo Mawol, y donde residía el Alto Sacerdote de la orden, que nació el mismo día que se colocó la primera piedra del templo. Estaba compuesto en su totalidad por mármol, traído por los primeros elfos de las minas de Sa Dragonera, cargándolo en grandes dragones, que les ayudaron en su construcción. Una gran charca rodeaba el templo y la única manera de llegar a él era en góndola, algunos visitantes anónimos, según cuentan las leyendas, hablan de que llegaban de día y durante el viaje en góndola iba cayendo la noche, aun durante las calurosas horas del medio día, hasta hacerse la oscuridad total, solo quebrada por las estrellas y la luna. Los cisnes nadaban en la charca, radiantes junto a las góndolas. Al llegar a la otra orilla les recibían niños elfos que les conducían a las puertas del templo, cruzando un inmenso jardín de calas, siempre florecidas, y reflejando la luz del cielo. El jazmín crecía por las pareces del templo, desprendiendo su aroma de sueño. Cuentan que la grandeza del templo era espectacular, sus símbolos religiosos y sus esculturas en mármol dispersas en el jardín de calas. Maravillosas formas de lunas, de dragones, de hadas... Las mismas hadas que revoloteaban por el jardín, sonriendo a los visitantes y alegrándoles con encantamientos de sueños y risas. El viento no corría, y los aromas hacían volar a los visitantes hasta un estado de entusiasmo y tranquilidad, de armonía y alegría. Ni una sola lágrima se había derramado en el jardín de calas en los miles de años que llevaba erguido en el Monte del Sueño, pues solo las sonrisas se permitían en el templo. Una música animada de flautas y laúdes, gaitas y bandurrias, violines y tambores, cantos de bellas mujeres y arpas de oro animaban el templo, se oía durante todas las horas que componían la noche, aunque nunca nadie había visto a los bardos que las tocaban. Algunos árboles crecían retorcidos y hermosos en el jardín de calas, y los visitantes aseguraban que cobraban vida y caminaban y hablaban y cantaban. Amapolas que brillaban cuando las diminutas luciérnagas se cobijaban bajo sus pétalos y duendes cuya mayor diversión era espantar a estas luciérnagas... Cuando ocurría, todos estallaban en risas contagiosas, mientras salían espantados, huyendo de las hadas que les regañaban. Quienes se encontraban cerca sonreían sin poder evitarlo, aunque no solía ocurrir, pues los duendes son criaturas extraordinarias, pero tímidas y precavidas. No solo el templo se levantaba en el Monte del Sueño, una pequeña aldea se había creado con el tiempo en el interior del círculo de la charca, donde vivían los caballeros de la orden, valientes guerreros a las órdenes de Moulth y el Alto Sacerdote.
Este relato fue escrito, creo, en 2002.
Hoy lo rescato aquí, pues quiero mostraros ese lugar de Mi Mundo.
Los dos guerreros entraron al palacio y cerraron las grandes puertas tras ellos. Entonces se hizo la calma. Assul, rápido, colocó un gran madero que había para asegurarla por dentro, y se llevó la mano al brazo contrario, donde tenía una herida profunda. Los dos se miraron, sin verse, entre la oscuridad rota por los relámpagos, cuya luz azulada se colaba por las vidrieras, muchas de ellas destrozadas por los estragos del tiempo. Fuera habían quedado sus compañeros, los caídos y los que no habían logrado alcanzarlos.
Llegar hasta allí había sido una hazaña terrible. Cruzaron los mares, hacía semanas, desde las gélidas aguas del norte, hasta las cálidas del Mare Nostrum Interioris. Aquellas costas los habían recibido bien, pues sus gentes nunca supieron sus verdaderos propósitos, y encontrar el palacio derruido no había sido difícil. Llegar a él era lo que había costado. El castillo estaba abandonado hacía ya muchos años, y se hallaba en el fondo de un valle. Las altas montañas que lo rodeaban, la Cordillera de Eled-Ilais, nombre heredado de los elfos en viejos tiempos, estaban nevadas, y todos se reconfortaron con ello, recordando su hogar helado, el Reino de Grrim, en la lejana Escandinavia. La situación del valle entre estas montañas hacía de embudo para las corrientes de aire, y allí se arremolinaban continuamente oscuras nubes, que no cesaban en descargar una fuerte tormenta. En aquel lugar siempre estaba lloviendo, y terribles relámpagos caían incesantemente. Era un lugar desolador, donde la única forma de vida que podía crecer era aquel prado de helechos. Todo el Valle de Ëndolin, alrededor del palacio en ruinas, estaba cubierto por un manto de vivo verde, una alfombra de helechos. Era un lugar precioso, mágico incluso, con aquel castillo arruinado, cubierto de enredaderas, coronando el valle verde. Según decían las gentes que habían encontrado de camino, aquel lugar estaba encantado. Aquel castillo había sido una vez la capital del Reino de Himn, que desde la Cordillera de Eled-Ilais, descendía hacia el sur hasta la costa del Mar Interior. Nadie había habitado el lugar en el último Siglo, salvo, decían, los protectores del lugar, que cuidaban del castillo y hacían guardia ininterrumpida para salvaguardarlo de los invasores, que no habían sido pocos. En su interior, al parecer, se guardaba algún tipo de tesoro, una reliquia de antaño, cuya historia se perdía en los anales del tiempo…
Hoy vengo a hablaros de dos grandes ciudades en Mi Mundo. Sus nombres son: la Insigne Ciudad-Estado de At-Lanthas, y la Ciudad-Estado de Aluadinia. Como ya os he dicho en alguna ocasión, estoy trabajando en el Glosario de la Leyenda de Golöel, el cual contiene una gran cantidad de términos, entre personajes, objetos, acontecimientos y lugares. Aprovecho para mostraros una primera versión de este Glosario, aunque aun lo veo muy pobre, y por ellos, hasta no incluir aun una buena cantidad de términos, no quiero presentarlo en sociedad. Os lo dejo sólo por si queréis echarle un vistazo y decirme qué os parece. En él podéis encontrar ya algunas descricpiones, de algunos personajes, de algún objeto y de algunos lugares. Estos son dos de ellos:
INSIGNE CIUDAD-ESTADO DE AT-LANTHAS
Nombre: Insigne Ciudad-Estado de At-Lanthas Categoría: Lugar Su contrucción comienza durante la edad de los elfos. Los hombres levantan la ciudad, en 415 del calendario de los hombres del Viejo Mundo, sobre las ruinas que dejaron los elfos. En 1284 recibe el sobrenombre de Ciudad Insigne. Nunca fue destruida. La Ciudad-Estado de Atlanthas se encuentra al centro del Viejo Mundo, junto al Reino de Aln-Tarin, en la rivera del Río Grande, también llamado Bragano.
Los elfos de la ALta Estirpe de Laentis-Anne, llamados los viajeros, llegaron al Viejo Mundo cuando los hombres aun no eran lo que ya son. Durante la Edad de los Elfos, ellos se expandieron, ocupando gran parte del territorio virgen, pero cuando los hombres se alcanzaron una cultura y una tecnología digna de hacerles frente, estalló la Guerra de los Mil Años, y éstos debieron marcharse de aquel continente para siempre. Aun así, unos pocos elfos permanecieron en la lucha.
Cuando se hizo la paz, esos pocos que permanecieron, convivieron con los hombres.
En el año 415 de la Edad de los Hombres (según el calendario occidental), se comienzó la construcción de At-Lanthas, sobre las ruinas de la última ciudad elfa, su bastión más oriental.
En la ciudad convivieron, desde sus comienzos, elfos y hombres, y por siempre se mantuvo esta armonía. Pronto formaron un consejo, presidido por un elfo y un hombre, y así gobernaron en paz por siempre, sometiendo a votación el cargo a la muerte de cada miembro del consejo.
Desde entonces, la Ciudad-Estado de At-Lanthas creció floreciente, y aislada del resto. Con los primeros enlaces comerciales, se forjó amistad con otros pueblos, pero siempre mantuvieron su independencia, incluso lograron resistir varios intentos de asedio de otros reinos.
En el año 1284, terminó la Gran Guerra de la Roca, la Primera de las Guerras de la Luna. Y fue en esta ciudad donde se celebró la victoria, desde entonces recibiendo el sobrenombre de Ciudad Insigne. Así, pasó a llamarse la Insigne Ciudad-Estado de At-Lanthas, que aun en estos días pervive en auge.
Del la Insigne Ciudad-Estado de At-Lanthas se habla en Kelpie, la Dama del Amanecer.
CIUDAD-ESTADO DE ALUADINIA
Nombre: Ciudad-Estado de Aluadinia Categoría: Lugar Los primeros asentamientos de los hombres en la zona datan de la Edad de los Elfos. Nunca fue destruida. La Ciudad-Estado de Aluadinia es una ciudad que se encuentra en el centro del Viejo Mundo, en un lugar donde el Río Largo o Ethir Aluadin, forma diferentes lagos, y nace el Río Bringuidamo, desviándose al suroeste.
La región de Aluadinia siempre fue atractiva para los hombres. El cauce del Río Largo, o Ethir Aluadin, llamado por los elfos con anterioridad, cruzaba el Viejo Mundo septentrional de este a oeste, llevando gran parte del deshielo de las Montañas del Anochecer hasta el Gran Océano, desembocando en el Canal de los Corsarios. En su recorrer, se encontraba esta región de roca, que las aguas supieron moldear. Aquella montaña fue tallada lentamente por las aguas, formando grandes lagos de agua dulce, y altos acantilados.
Allí los hombres se asentaron pronto. Algunos hasta especulan que allí nació una de las primeras Estirpes de los Hombres, que poblaría el Viejo Mundo, y que los restos de sus ruinas habrían sido devoradas por las aguas. Muchos dudan de esto, pero los que aun lo sostienen, esperan algún día encontrarlas en el fondo del río.
No hay fecha de cuando se puso la primera piedra de la ciudad de Aluadinia. Pero se data su fundación cerca del año -2500, antes del calendario occidental, que es cuando se formó el primer consejo que la gobernaba.
Aluadinia siempre trató de ser independiente, y por largos periodos fue una floreciente Ciudad-Estado. Pero en algunas ocasiones se vio ocupada, y su consejo apresado. Fue conquistada por la Ciudad-Estado de Reinora, situada al sur de Aluadinia, y bajo su gobierno se sucedieron algunas generaciones de hombres, Hasta que se revelaron y la ciudad volvió a ser independiente. Fue asediada en incontables ocasiones por los goblins del Bosque de las Tes Lunas, al norte, y muchas de estas victorias se consiguieron con la ayuda fiel de la Corona de Tronia, siempre en buenas relaciones con la Ciudad-Estado de Aluadinia.
Este lugar sería relatado en las historias, por recibir por poco tiempo como huéspedes a los que serían los Caballeros Elegidos de Golöel. Hecho que ocurriría el año 1523 del calendario de los hombres del Viejo Mundo.
Del la Ciudad-Estado de Aluadinia se habla en La Noche que No Acaba.
Os muestro, además, un plano de la Ciudad-Estado de Aluadinia, durante el Siglo XVI del Calendario Occidental.
A menudo hay objetos que perduran, resistiendo el paso del tiempo, los avatares y las adversidades, no porque sus materiales sean resistentes o porque nadie los pierda o deje olvidados en un rincón, sino porque tienen una vida propia. Porque forman parte de un cuento, y porque siempre hay alguien para contar su historia...
Hace mucho tiempo ya que comenzó esta historia que narro ahora. Se trata de un objeto singular, capaz de unir a las dos almas más distantes, y de separar a las mejor entrelazadas... En los albores de la civilización, cuando los hombres aprendieron a amarse y a sufrir, hubo un caballero que deseó atrapar para siempre a una bonita doncella. Con ese pretexto, acudió al alquimista de palacio, un hombre tan viejo y sabio como el mundo, y le rogó que le fabricara un objeto que soportara el paso del tiempo. El caballero precisaba un objeto que le uniera para siempre a su amada, y le rogó que les hiciera un objeto mágico, para que su amor no terminara nunca. El alquimista le dijo que el amor, como muchas otras cosas, puede ser para siempre, o no, y que si por su propia naturaleza se muere, hay que dejarlo morir. El caballero encolerizado, le ordenó amenazándolo con su espada que hiciera el encargo, y este, temiendo por su vida, aceptó. Pero le dijo que crear el amor era fácil, hacelro infinito ya no era cosa suya. Y como el caballero y la doncella ya se amaban, de ellos dependería que la magia del objeto funcionara.
Entonces el alquimista se marchó a buscar los materiales sagrados. Acudió a una gran montaña, cuyo nombre y ubicación se reservó, y extrajo de la tierra, con sus propias manos, los metales más bellos. Esperó a que la luna no mirara, pues aquel hechizo no podría ser legítimo en un mundo en que el amor sigue sus propias reglas. Y así, durante una larga noche de la luna nueva, forjó una pieza de aquellos metales. Primero los fundió con esmero, mezclando sus esencias, y después, sobre un yunque, forjó la pieza mientras narraba sortilegios prohibidos. El resultado fue una plancha de unos centímetros, con forma rectangular. Para terminar, la dividió en dos pedazos, que los dos amantes deberían poseer. La cortó cuidadosamente, con la forma de un dos piezas que encajaban como un puzle.
Ya devuelta en palacio, le entregó las dos piezas al caballero, y éste se lo agradeció con preciados tesoros que él se negó a aceptar. Cuando se las entregó, le advirtió que aquellas dos piezas de puzle poseían una magia poderosa, y que no funcionarían con cualquier pareja de amantes. Le dijo que esas piezas bien podrían convertir un amor terrenal en eterno, pero que, y le pidió que prestara atención a esto, sólo lo finito podría ser infinito si se trataba de un amor verdadero. Si dos amantes poseían las piezas y lograban hacerlas encajar, significaba que aquellas dos personas se amarían siempre, por numerosas que fueran las encrucijadas que los separaran, pero que si un amor debería morir por sí solo, esas dos piezas no podrían encajar jamás.
El caballero, seguro de que su amor por la doncella era verdadero, partió a regalarle una de las piezas del puzle. Ambos se encontraron en un bosque precioso, cuando la luna ya lucía en la noche, en su cuarto creciente, y a ella le maravilló. Los dos se abrazaron, se besaron e hicieron el amor por última vez. Entonces, desnudos en mitad del bosque, trataron de encajar las piezas, sin conseguirlo. ¡Aquél puzle era imposible de montar! Las dos piezas no llegaron a encajar, y el caballero, furioso, las arrojó al suelo, y ahí quedaron, en el bosque, olvidadas por mucho tiempo, hasta que otra pareja de amantes la encontrara.
Así, partió en busca del sabio alquimista, y allí le dijo que le había engañado, y que venía a matarlo. Entonces el alquimista le dijo que él jamás le engañó. Que le había advertido de que las piezas sólo encajaban en personas que se amarían siempre. Y que si en sus manos y las de su doncella, no había sido posible, sólo significaba su amor no sería para siempre... Antes de matarlo, se aseguró de hacerle entender aquello, las piezas funcionaban perfectamente, eran ellos dos los que no encajaban, si hubieran estado realmente conectados, las piezas habrían encajado.
Después de aquello nadie volvió a ver al caballero. Y su doncella lo añoró mucho, y lloró impotente. Él se había marchado por miedo a perderla, y ella lo perdió para siempre...
Este cuentito es un relato paralelo al cuento que estoy comenzando a escribir. Aun desconozco su título, espero pronto hablaros de él. Estos días he estado ausente, pues he tenido la cabeza en otras cosas y quehaceres. Y no sabéis cómo lo siento, echaba de menos venir por aquí. Cómo me alegro de haberlo hecho al fin. Espero que os gustara el cuentito de las Piezas de Puzle!!! No temais si es triste, pues este tan sólo es un relato que narra la historia de un poderoso objeto, no la de dos amantes que se perdieron...
- ¿Y?- Dijo uno de los ángeles sobre su altar dorado.
- Sé que lo que pido es mucho, señores, que no es habitual concederle este favor a un mortal, pero es que ella no tenía la culpa de haber estado durmiendo en ese momento.
- No es siquiera habitual que un mortal nos pida un favor.- Dijo otro de los ángeles.- Pero dada la situación, en que a partir de ahora habrá muchos más mortales por aquí... Creo que deberíamos considerar lo que se nos pide.
- ¡Pero nos hemos vuelto locos!- Exclamó un tercer ángel que estaba de pie, hasta ese instante enjuagándose las manos en una fuente preciosa.- Hoy sería repetir el fin del mundo, y mañana ¿qué? ¿El incio de otro mundo? ¿Hiroshima? ¿El Krakatoa? Hay millones que no vieron arder el cielo cuando se estrelló la roca en el Yucatán, ¿por qué no lanzamos otra?- Y resopló, lavándose la cara con las manos empapadas, como si todo aquello fuera inverosímil realmente, o imposible de volver a hacer.
- Señores... Entiendo que sólo puede haber un fin del mundo. No pido que creen otro mundo para volver a destruirlo después. Sólo uno en el que ella y yo vivamos un tiempo, y después verlo estremecerse como ya ha ocurrido. Fue tan bello ver todo desmoronarse...
- Sí que lo fue.- Dijo uno mirando al cielo infinito sobre sus cabezas. A lo que los demás ángeles asintieron con resignación, era algo a lo que habían estado esperando mucho, y que ya no podría repetirse.
- ¡Ella estaba durmiendo! ¡Mala suerte!- Añadió el cascarrabias de antes.
- No es sólo que estuviera durmiendo y se perdiera tan hermoso y desvastador final del mundo. Es que además, fue a parar al infierno, y no volveré a verla jamás.
- Oh...- Todos ellos se apenaron, salvo uno, que hasta sonrió.
- Las cosas en el cielo se han puesto feas.- Dijo un ángel que aun no había hablado.- Tras el fin del mundo, muchos vinieron a parar aquí, ¡y ahora no hay ni donde sentárse! Creo que sería buen negocio cambiar favores a mortales, por billetes de sólo ida al inframundo... ¿Qué os parece, muchachos?
Unos ángeles asintieron, otros quedaron pensando, y el cascarrabias hasta dio un respingo.- ¡Genial idea!- Dijo éste último.
- ¿Mortal, cambiarías tu condición de elegido, tu eternidad en este paraiso abarrotado, por una cueva en los avernos, junto a ella, donde hay mucho más sitio para tantos mortales?
El chico ni lo pensó. El trato estaba hecho.
Un instante después, estaba en un paraiso terrenal. Un bosque verde y plagado de flores, y ella estaba junto a él. Frente a ambos, nacía el mar en una playa de imposible belleza. Y aunque el aire era fresco, el sol lucía sin rastro de nubes, y los rumores del bosque venían apaciguados por las olas, allá en lo lejos, donde comenzaba el horizonte infinito, algo crecía. Era un fuego inmenso, una explosión incesante, un horror que lo arrasaría todo. El cielo fue poco a poco cubriéndose de aquella destrucción, y el mundo en que se encontraban, desierto salvo por ellos dos, acabaría en segundos. Fue un último momento muy bello. Llovieron meteoros, se elevaron los mares, la tierra se resquebrajó y el bosque terminó por hundirse. Fue un espectáculo hermoso...
Cuando todo hubo acabado, el chico sólo vio negro, sólo respiró azufre, sólo encontró rocas incandescentes por suelo y muros, y solo escuchó el incesante lamento de millares de almas atormentadas...
Cuando la mayoría de los Dioses fueron exiliados a vivir en la otra cara del Mundo, hubo uno, un Semidios, que se escondió en el cuerpo de un elfo. Él fue Lúralan, Señor de la Luz y los Amaneceres. Por mucho tiempo habitó entre los elfos de Firindain, los Artesanos, una de las Doce Altas Estirpes de los Elfos, de quienes aprendió mucho. Con ellos combatió en las Guerras de la Sangre, que masacraron y terminaron por destruir la Tierra de Aradán, donde vivían. Pero cuando se hizo la paz, Lúralan partió junto a Firin, Primero de Firindain, a bordo de su Navío, a recorrer los Mares del Mundo, y junto a él pasó largo tiempo.
Así, pudo conocer tierras lejanas y exóticas, inhóspitos lugares y sitios que jamás habría soñado que pudieran existir. Estuvo en playas de sueño, en paraísos terrenales, y en oscuros desiertos en que sólo existe la maldad. Pero cuando visitó la Torre del Recuerdo, decidió quedarse allí, y comenzó a adorar al Dios del Recuerdo, que habita en lo de esta torre en interminable construcción.
Allí mismo, colocando piedras en la cúspide de la Torre del Recuerdo, observó a la Luna cruzar los cielos del Mundo, hasta enamorarse de ella, y de Moulth, Diosa de la Noche y las Estrellas, quien la habitaba. La Diosa, castigada, estaba presa al otro lado de la Luna, y había sido ansiada por muchos antes y después de Lúralan. El mismo Dios del Recuerdo la amaba sobre cualquier cosa que existiera. Pero Moulth, al conocer a Lúralan, encontró en él su única debilidad, y quedó cautiva por su amor.
Moulth, Diosa de la Noche y las Estrellas, y Lúralan, Señor de la Luz y los Amaneceres, se amaron ocultándole su pasión al Dios del Recuerdo, hasta que ella logró escapar una vez de su prisión tras la Luna, y ambos hicieron el amor apasionadamente, cuando éste los sorprendió y estalló en ira. Entonces, el Dios del Rercuerdo, convirtiéndose en la más poderosa tormenta, trató de acabar con Lúralan, para vengar la traición.
El Semidios, oculto en el cuerpo de un elfo, al hacerle el amor a la Diosa, tuvo una maravillosa visión, y con ella, forjó la Corona Radiante, con la intención de regalársela. Se trataba de un objeto que brillaba de forma tan intensa que logró ahuyentar a la tormenta en que había tomado forma el Dios del Recuerdo. Pero la Corona Radiante, cómo Moulth, tenía una debilidad también: sólo brillaba cuando la Luna surcaba el cielo, y así, durante una noche de luna nueva, el Dios del Recuerdo, sabiéndolo, encontró a Lúralan, allá donde se ocultaba, y le dio muerte terrible...
Ambos lucharon con valor, pero la tormenta sacudió la tierra que Lúralan pisaba con tal fuerza, que éste fue incapaz de detener su golpe. Y sin el brillo de la Corona Radiante, el Dios del Recuerdo fue capaz de derrotarlo, haciéndole pagar su traición con mucho sufrimiento antes de morir.
Entonces Moulth, que no pudo observar el combate desigual desde el cielo, entristeció hasta tal punto, que la Corona Radiante no volvió a brillar en mucho tiempo. El Dios del Recuerdo, que jamás desistió en amar a la Luna y a la Diosa oculta tras su rostro de plata, decidió asegurarse de que el poderoso objeto quedara oculto en algún lugar del Mundo.
Y así fue como la Corona Radiante, el poderoso objeto que forjara Lúralan, Señor de la Luz y los Amaneceres, para regalársela a Moulth, permaneció en lo más recóndito. En torno a ella creció la leyenda, y muchos fueron los que desde entonces la buscaran. El Dios del Recuerdo le encargó cuidar de su secreto a la Orden Negra, quienes la mantuvieron oculta en un aletargado silencio…
Fue mucho tiempo después, cuando el héroe Belean, de Himn, desconocedor de la historia relatada, la robara y con ella lograra grandes hazañas. Él fue quien derrotara, sirviéndose del poder de la Corona Radiante, a Golöel, el Demonio Resentido imaginado en el Amor de Orfgod, dando fin a la Gran Guerra de la Roca.
Belean la ciñó majestuoso, e inscribió su nombre en las Crónicas del Tiempo. A su muerte, sus herederos la poseyeron, y muchos trataron de apoderarse de ella, sin conseguirlo, hasta que su legado murió, y la Corona Radiante quedó en trono vacío, a la espera de que alguien la ciñera valeroso, sin ánimo de mimar a la Luna, eterna prisión en movimiento de Moulth, Diosa de la Noche y las Estrellas, quien una vez se enamorara de Lúralan…
Memorias Olvidadas
Darka Treake
NOTA: La imagen, aunque apropiada para el relato,
es una instantánea tomada anoche, de una tormenta eléctrica durante la erupción del volcán Eyjafjallajökul, en Islandia.
- Me lo dirás… Oh, créeme que me lo dirás antes de que acabe contigo. ¿Has conocido el dolor niña? ¿Sabes cómo se resiente el cuerpo humano cuando le corre el millar de energías que descarga un rayo? La piel se marchita como papel, y se consume el alma con el fuego de los avernos… Pero tú ya sabes de eso, ¿no? Dime, ¿Has hecho un trato con él? ¿Has caído en tal error? Te veo así de estúpida…
- No sabes de qué hablas.
- ¡Tú no lo sabes, niña! ¿Qué sabrás tú de los avernos, o del hambre de los demonios…?- Ambas permanecieron en silencio unos instantes, una escrutando a la otra, tratando de intuir más allá de la que cada una decía. La tormenta pareció incrementarse, los rayos azulados caían por todos lados. Tremendas explosiones estallaban en la arena o en el Río de los Faraones al tomar contacto con la energía de la tempestad.- Dime, Lyda, Señora de la Magia Mutable. ¿Dónde está el Lunariu? ¿Dónde lo has escondido?
- Jamás lo sabrás.
Entonces la Dama Negra sonrió para sí. Retirándose unos metros hacia atrás, dejando a Lyda ahí tirada.- Si desperté tu curiosidad, ahora sabrás lo que se siente…- Y elevó su báculo al cielo, y la piedra que tenía se iluminó en toda su negrura, y de ella brotó un haz de luz que se proyectó sobre la tormenta. Y así, un gran rayó cayó hacia la pirámide, yendo a parar justo sobre Lyda.
Nunca antes sintió un dolor tan horrible. Sus extremidades se estiraron, y su cabello se erizó, y con aquel tono rojizo pareció arder en llamas. Cuando logró respirar, aturdida, sólo pudo aspirar ese aroma a quemado, a piel y bello abrasados y tela chamuscada. Entonces lanzó un segundo hipo con el que casi se ahoga, y la sola idea de lo que se avecinaba cruzó su mente como un segundo horror que la heló por completo.
- Habla, niña. Dime dónde lo dejaste…
- Nunca…
Pero la Dama Negra no se daría por vencida. Apuntó con su bastón a Lyda, y habló con palabras inaudibles, y de nuevo la piedra negra se iluminó. Entonces Lyda sintió un mareo, seguido de un cansancio mental que nunca había experimentado. Millones de preguntas le acosaron, y algunas hasta hallaron respuesta, y comenzó a gritar de pánico.
La bruja elfa sonrío de nuevo, y su belleza maligna se acentúo en la noche, justo para torcerse en un miedo desconsiderado…- No… Se lo diste a él… ¿Cómo has sido capaz?- Y fue a golpearle con báculo descargando toda su ira, con la intención explícita de acabar con ella. Pero entonces algo se interpuso en el golpe, y Lyda vio sobre sí una nueva figura en la escena. Era una elfa que vestía de blanco, con una capa azul oscuro y el cabello suelto. Éste bailaba con la tempestad, en un tono azulado que emulaba a los rayos que caían por doquier. Lendaia, la bruja de pelo azul que Lyda andaba buscando, ni la miraba sobre su cabeza. Había parado el golpe de la Dama Negra con su espada, un filo muy hermoso de plata que sostenía con una sola mano y gran estilo.
Entonces Lyda, desde el suelo sintió unos nervios incontrolables que duraron el instante previo a la sensación de hipo. Y cuando lo soltó, llevándose la mano a la boca, aquella escena, que parecía congelada bajo la tormenta, terminó. Todo comenzó a temblar, y algunas piedras de la pirámide comenzaron a desmoronarse. Lendaia y la Dama Negra casi pierden el equilibrio, pero ambas se mantuvieron aguantando el golpe de la otra. Y Lyda, su cuerpo joven y esbelto, se fue convirtiendo en un monstruo horrible.
Toda su columna se fue agrandando, y de cada vertebra nacieron diferentes cuernos. Su piel se oscureció, volviéndose verdosa, y toda ella creció y creció, de forma que las dos elfas enfrentadas debieron retirarse. Lyda alcanzó a ver a Lendaia caer a un escalón más bajo, sobre un gran bloque que se desprendió con su aterrizaje, obligándola a saltar a otro. La Dama Negra permaneció en su sitio, retrocediendo, y Lyda siguió creciendo y creciendo en aquella forma horrenda. Sus brazos y piernas se ensancharon con músculos que no existían antes, y su piel se recubrió de escamas. Su cabello se perdió, volándose con la tormenta y desapareciendo en el aire, y su cabeza se convirtió en el busto de un reptil gigante. Y entre tanto horror, Lyda sólo fue consciente de sí misma, de la tormenta y la pirámide, pero había perdido de vista todo lo demás, y justo cuando sentía enfurecerse cada célula del cuerpo y sentir un ansia sin medida, perdió la razón, cayendo en una oscuridad que le nubló todo…
(. . .)
Este es el capítulo décimo octavo del cuento de Lyda de Lis.
¡Sólo quedan cinco para terminarlo!
Para leerlo entero, consúltese el siguiente enlace:
Teether, el gnomo amigo de U, tropezó con una enorme caracola y cayó de bruces sobre la arena, y el tiesto que iba cargando a todos lados rodó amenazando desprender sus flores sobre la arena de la playa. Aquellos días las hojas de la planta crecían en un tono oscurecido, estaban resecas, aunque sus tallos aun eran verdes y firmes. Las flores, además, las dos que había, que una vez fueron blancas y hermosas, ahora estaban marrones, mustias. Sus pétalos, que una vez fueron bellos y relucientes, hoy cubrían el tremendo pistilo amarillo sin fuerza, a punto de caer muertos. A pesar de ello, aun estaban perfumadas, y si te acercabas, llegabas a oler aquel aroma tan delicioso que solo esas dos flores tenían en el mundo…
Teether quedó ahí tirado unos instantes, agradeciendo que la planta no saliera de su tiesto improvisado, por miedo a que muriera, o a que ella misma decidiera plantarse allí, en aquella playa donde no tendría alimento alguno, salvo el salado traído por el mar… Pero entonces echó a correr y la recogió, y la abrazó con cuidado de no romper ni una sola de sus hojas, o de que cayeran sus pétalos mustios. Y se acordó de U, sintió ese vínculo que la planta tenía con la sirada, y supo que ella estaba triste, en alguna parte.
Recordó cuando U le contó que aquella planta, la única en su especie, había nacido de una pequeña semilla caída de su árbol consciente, en su oasis de sueño, junto a su estanque precioso. Según le dijo el árbol consciente a la sirada, la planta que naciera de aquella semilla sería especial, diferente a las demás. U y ella siempre estarían unidas. Si U estaba alegre, la planta crecería hermosa, brillante y llena de vigor. Pero si ella estaba triste, la planta iría perdiendo su fuerza y su belleza, poco a poco iría escapándosele la vida… El árbol consciente, además, advirtió a U de algo muy importante, si una de las dos moría, la otra también lo haría. Pero le dijo que no se preocupara, que mientras ella viviera feliz, y sonriera todo el tiempo con esos labios tan bonitos, la planta que naciera de aquella semilla sería hermosa y estaría llena de vida. No necesitaba alimento alguno, además de la alegría de U…
Pero en ese momento, en que Teether buscaba a U, a su sirada amada, a su amiga inseparable, la planta lloraba y se marchitaba. Poco a poco se estaba muriendo. Y eso sólo podía significa una cosa. Allá donde estuviera U, estaba triste, y lloraba. Y así pronto la planta moriría, y entonces lo haría también la sirada. Y de la misma manera, moriría el mismo pobre Teether, quien amaba a U sobre cualquier cosa en aquel recóndito mundo imaginado…
Este blog ha migrado a www.xjpeake.com/blog, no se publicarán más entradas aquí. Espero pronto haber migrado todas las entradas antiguas a la nueva plataforma.
¿Quién soy?
Soy Chris J. Peake, autor de relatos y novelas de fantasía, ambientadas en un mundo imaginario propio. Soy Doctor en Psicología del Aprendizaje y he vivido en 6 países. Actualmente resido en Concepción, Chile. Trabajo como profesor en la Universidad Católica de la Santísima Concepción. Más sobre mí aquí.
Bienvenid@ al Blog de Chris J. Peake. Aquí encontrarás una puerta a la fantasía, todo un mundo en la imaginación.
Éste es mi blog personal, donde os voy mostrando todos los progresos en Mi Mundo.
Además, os enseño algunas otras cosas mías que con vosotr@s quiero compartir.
Espero que os guste lo que he hecho, como a mí me gustó hacerlo...
Actualmente estoy trabajando en la redacción de la primera parte de El Triángulo Sagrado.
En algún momento, quiero retomar un proyecto inacabado: Crónicas de la Guerra de los Mil Años, un compendio de cuentos breves que se ambienta en la oscura época en que las bestias invadieron el Viejo Mundo. Pero de momento, admito, está aparcado.
Además, terminé de revisar La Rosa de los Vientos, cuya propuesta editorial está en marcha.
Pretendo también revisar y editar otras obras para su publicación independiente: La Puerta Número 11.
Por último, puedes consultar mi trabajo científico (que nada tiene que ver con Mi Mundo) en mi otra web: Mi sitio web como investigador.
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